3.6.06

Realpolitik: no debí votar por Lourdes




Yo voté por Lourdes en la primera vuelta. Lo hice porque me pareció que debía votar por la persona más honesta y con mayor proyección de estabilidad económica. Sabía que era la candidata de la derecha y del continuismo económico, pero aún así me parecía la mejor opción que existía, no solo por encima de Alan y Ollanta, sino también superior al bonachón pero débil Valentín Paniagua, quien también lideraba una alianza de derechistas (¿qué era sino Acción Popular más Somos Perú?) pero más vetustos y desorientados y que contaban con joyitas del calibre de Alberto Andrade, el perfecto ejemplo del criollo preopotente y anodino políticamente. Entre la derecha vetusta y la derecha que se sabía de derecha, elegí lo segundo, porque si iba a elegir a alguien, prefería que tuviera las cosas claras.

La izquierda para variar por enésima vez consecutiva desde las épocas del Frejolito, no dio buenas opciones. Siguen con su jueguito de atomizarse, como en las viejas épocas donde troskistas, maoistas, leninistas, socialistas, stalinistas, guevaristas, mariateguistas y alpinchistas se separaban en más sectas que una iglesia pentecostal con esquizofrenia satánica. El deporte de la izquierda peruana (y de otras partes) aún es dividirse, tanto en bloques de opción obtusa (Movimiento Nueva Izquierda, ahora aliada a UPP), los confusos y no modernizantes (Partido Socialista, con el consecuente pero desfasadísmo y panfletario Javier Diez Canseco, y con gente oportunista como Carlos Tapia) y los idealistas "nice", políticamente correctos ellos, que creen que se puede gobernar el Perú con los mismos estándares de Suecia o Finlandia (la simpática, más moderna pero aún verde políticamente Susana Villarán, a quien sí daría mi voto para el Congreso, si ella se diera cuenta que ese es su verdadero alcance en esta coyuntura).

Voté por Lourdes, y yo que me jacto de votar no por interés propio sino por el nacional, cometí una gravísima equivación. La mayoría del país votó en contra de continuar sistema económico ortodoxo que representaba Lourdes Flores, Martha Chávez o Valentín Paniagua. Las dos opciones que representaban ese disgusto eran Alan y Ollanta, apestados por los medios (y por méritos propios también).

Ante ello quedan dos opciones:

La más fácil es la de pensar que todos son unos idiotas, que la mayoría del pueblo no sabe lo que le conviene. "Electarado" es la frase usada comúnmente por Aldito Mariátegui, el director de Correo, un joven e impetuoso talibán de la libertad económica a ultranza y de la desaparición de cualquier aparato que interfiera con el libre comercio, así sea el estado-nación. Conozco personas como él, que creen sinceramente en que la mano invisible del mercado no solo ordena las cosas, sino que reparte justicia con mayor equidad que el juicio humano. El Mercado como un misterioso, nuevo y justo Dios. Son de aquellos que han abandonado cómodamente el pensar en como disminuír las brechas de injusticia social, diciendo que todo lo soluciona la libertad económica. Que el Estado no debe intervenir porque eso, en cualquiera de sus formas es calificado como populismo. Al leer siempre la misma perorata de Aldito, o de los columnistas económicos de Perú21, me recuerdan mucho el discurso comunista donde todos los que no estaban con la línea de la facción eran "perros revisionistas". Desde hace cierto tiempo quien piensa un poco en estado de bienestar y en que el mercado por si solo no va a solucionar el problema de la pobreza, recibe el mote, ya gastadito, de "dinosaurio populista". Una respuesta automática, de manual, a la vieja usanza de los cuadros comunistas, pero esta vez al servicio de los jóvenes yuppies optimistas con las perspectivas que les presenta la vida mientras no les alteren las reglas de juego.

La otra opción es olvidarse de lo que te dicen la mayoría de los medios y de los empresarios: que todo va bien tal como está, que lo único que hace falta es seguir con el modelo económico pero restrigiendo aún más los derechos laborales y ampliando los beneficios de los grandes capitales en desmedro del trabajador común, porque eso genera competitividad y atrae inversión extranjera.

En lo personal creo que ese modelo ortodoxo si sirve, pero solo PARA PEQUEÑOS PERÍODOS. No se puede usar a ultranza por tanto tiempo. Vamos desde el 90 hasta ahora, 2006, con el mismo sistema que, si bien fue un purgante al comienzo que de una manera amarga pero eficaz arregló una economía que parecía insalvable, no puede prolongarse tanto tiempo sin generar un alto coste social, incluso en un pueblo con tanta tendencia a la resignación y al fatalismo como el peruano. El electarado no es tan electarado. Si bien nuestra pobreza de opciones políticas se explica por nuestro bajo nivel educativo, aún dentro de la falta de información, nadie puede esperar que el trabajador se ajuste el cinturón por 16 años, y diga "sí, yes master, alright, for Adun, for Aiur" cuando le proponen que se ajuste el cinturón por otros 5 años, pero aún más apretado, un huequito mas al interior de la correa. Si no ve resultados ¿elegirá repetir el plato?

¿Dónde se fue el crecimiento económico continuado de los últimos años? ¿al pueblo que se lo ha ganado con su sacrificio? ¿o a cuentas en el extranjero bajo la custodia privada de unos pocos que nos piden seguir sacrificandonos en nombre de mantener su margen de ganancias?

¿Repartición equitativa de la riqueza o "chorreo"?

¿Recuperación de varios derechos laborales esenciales que quedaron suspendidos por una emergencia nacional como la de los 90s, o asumir su pérdida como nuevo statu quo?

La respuesta a ese dilema no la representaba ni el fujimorismo, ni las derechas de Paniagua o Flores Nano. Los candidatos alternativos son Alan y Ollanta, y ambos representan ese deseo de cambio de paradigma.

Ahora: ¿tiramos todo lo ganado por la borda en nombre de un nuevo orden social? eso sería pensar con una irresponsabilidad bananera. Todo cambio debe ser gradual, y ningún sistema es excluyentemente bueno o malo. El defecto del actual es que se aplica a ultranza, como todas las medidas que cambian de timón el rumbo de un país en el que no sabemos escoger el camino moderado. Cuando nos tocó ser estatistas lo fuimos a lo bruto y de manera total con Velasco, cuando nos tocó liberalismo económico, a ultranza con Odría o Fujimori. Nada de matices.

Esa es la opción que representa Ollanta Humala: el típico viraje de 180º latinoamericano, "nuevo amanecer", "nuevo comienzo", "pachacuti" y demás motes panfletarios que solo funcionan de manera entusiasta los primeros meses. Lo que me da pena de su candidatura es que ha estigmatizado el concepto de nacionalismo hasta un punto en que no será posible usarlo de manera racional y coherente por un buen tiempo sin asociarlo con Abugattás, Torres Caro o Antauro. De la misma manera que Hugo Chávez ha devaluado a Simón Bolívar hasta el punto que muchos lo quieren ya sacar, de manera injusta, de nuestros libros de texto ... o atacan su figura histórica, resaltando sus defectos de manera desmedida, como reacción al uso cafichesco que Chávez hace de su paradigma.

¿Qué hubiera pasado si Lourdes pasaba a la segunda vuelta? Ollanta limpiaba el piso con ella. No creo que exista un solo analista que piense lo contrario.

Incluso en un escenario más "positivo" ¿que hubiera pasado si Lourdes ganaba las elecciones? Quizá con suerte acabaría los cinco años de gobierno, pero dejando una estela de rabia popular y desborde ante la consolidación de las injustas condiciones económicas. Por más honesto que pudiera ser su mandato, acabaría muy distinto de como está acabando Toledo ahora (30% de aprobación que no es una cifra alta y es coyuntural con la pobreza de candidatos) y quizá una versión más radical del etnocacerismo ganaría. No me sorprendería que tras 5 años más de ortodoxia neoliberal un Antauro junto a Ollanta arrasaran en primera vuelta, sin necesidad de "aggiornar" o dulcificar su proyecto totalitario, sino agudizándolo como reacción al descontento popular.

Si tras 16 años del mismo sistema, alguien como Ollanta Humala ha sido capaz de alcanzar casi la mitad de las preferencias nacionales (y la mayoría absoluta en el sur del país), no puedo imaginarme quien podría ser la opción si el sistema íntegro se perpetúa con la severidad de ahora ¿Polay? ¿Abimael? No es broma.

El que salga elegido Alan, de quien solo nos cabe esperar que no nos esté mintiendo por enésima vez y que mantenga las cosas buenas del sistema actual y haga los ajustes que ha prometido sobre los tornillos mal puestos, nos permitirá el 2011 elegir no entre Antauro y Polay, sino la mayor probabilidad, ojalá, de una segunda vuelta entre Villarán y Barnechea, por soltar 2 nombres de gente capaz, moderada y sin los anticuchos de los candidatos actuales.

Tras esto, ha resultado que de los 5 candidatos con opción , el que más convenía era Alan García. Al menos sobre el papel. Con su elección al menos tenemos la posibilidad de disentir libremente de las caballadas que pueda hacer. Ahora deberá tener más tino para gobernar pues carece de una mayoría en el Congreso para aprobar sus ocasionales locuras con carpetazos de mayoría absoluta, y que por una MALDITA VEZ en toda la historia del Perú aunque sea una pizca de los ideales de Haya de la Torre se concreten en algo positivo para el país y no sirvan solo para pura palabrería o para recordarlo en billetes de 50 mil intis. No puede hacer más locuras, porque esta es la última vida del APRA. Puede ser el canto de cisne del partido más viejo de la nación, o puede ser la tablilla de salvación que lo vuelva a poner como opción viable dentro del espectro político, librándolo de la negra estela que dejó entre el 85-90.

Finalmente. Si te dan igual los dos candidatos, si crees que Ollanta es igual a Alan, dibuja la clásica pichulita y vota viciado.

Si crees que uno es superior, aunque sea una milésima de otro, no seas frívolo y vota por él.

P.D. Mientras escribo este artículo leo otro que aprovecho para recomendar: este iluminado post de mi amigo Percy Espinoza, con el cual concuerdo en todas sus líneas y que es un tema que trataré más adelante, porque es una de las poderosas razones por las cuales acabamos votando por los "demonios".

2 comentarios:

Percy dijo...

Gracias por las flores o por el globby o el bloggy o como se llame.

Cosas preocupantes y de buena fuente he escuchado respecto a algunas tendencias que, sin contar el posible voto escondido, muestran a un Humala acercándose.

No me hace muy feliz votar por García, pero tampoco me hace sentir muy miserable. En los cuadros apristas veo cuando menos ciertas potencialidades como para empujar el cotarro con un mínimo de decencia.

Del otro lado --al margen de toda la basura y leyendas negras creadas o recreadas por la prensa (porque incluso hasta las verdades fueron instrumentalizadas para fines menos nobles)-- sólo veo un grupete de amigos que se conocieron en una pollada y que aun teniendo buenas intenciones (que dudo que las tengan) siento que serán como una recreación de los cuadros más bajos del toledismo.

Roberto dijo...

Siempre ha sido gratificante conversar contigo, Andrés. La lucidez de tus ideas y tu análisis político es realmente notable. También creo que Alan es la opción mas viable. Que siempre lo fue, a vista de pájaro, desde la primera vuelta. Creo que Alan ganará… no de una manera aplastante y abrumadora, pero ganará. Y me alegro de que gane de esta forma, casi con lo justo. Lo contrario no habría sido conveniente desde ningún punto de vista. Eso le demostrará al APRA (que, después de todo, creo que tiene figuras dentro de sus cuadros que sí están interesados en el progreso nacional… o sea, los Hayistas de casta) lo cerca que está el país de esas sombras peligrosas, disfrazadas de opción radical-cambio brusco-comienzo desde cero. Alan sabe (el APRA sabe) que si no la hace ahora ( y la hace bien), va a correr la misma suerte de los “pejerreyes” de izquierda. Partidos que se resisten a la extinción, pese a que los resultados que obtienen en las elecciones son englobados muchas veces dentro de la estigmatizadora denominación “otros”. El APRA obtiene siempre una votación considerable en elecciones, pero esos votantes son en su mayoría “prestados”. No son apristas fervientes, ni ciegos seguidores de la estrella. Y es gente que está confiando, como nosotros, en que “patadita” no meta esa contundente y veloz pierna derecha (o fue la izquierda) hasta el fondo. Alan y el APRA viven de la política. Es su alimento (literalmente, creo) y no creo que un naufrago haga su bote de escape con los cocoteros de los cuales se alimenta, teniendo otras maderas a la mano.