8.6.08

Alan García: "Chile se puede molestar"

A propósito de quienes se oponen la venta de nuestras reservas de gas a Chile, nuestro olímpico y desenchufado Presidente, Alan García, se vino con esta perla para su colección verbal más reciente:
"Cuidado, porque en un momento Chile, si se enoja… nos compra mil millones de dólares y nosotros le compramos 300, y en cualquier momento puede decir: okey, si no me quieren vender, no le compramos los mil millones … y les devuelvo los 100 mil peruanos que tengo aquí, a los que les he dado residencia"
¿Qué le echan al café de Alan cuando cumple 2 años en el poder? ¿O qué no le echan?


El 2008, Alan parece que intenta consagrarse de una manera lamentable como en 1987. Después de instar a los consumidores a consumir menos pollo para bajar el precio (¡Dios! ¡con eso le achaca a la población la responsabilidad de las alzas!) y de convocar a Olimpíadas el 2020, el Presidente que dice un día pensar en grande, nos viene ahora con que Chile se puede enojar.

Para las Olimpiadas es un león histórico y para con Chile, nuestro competidor histórico, es un ratón histérico. Ahora señor García, sí serviría que usted piense en grande:

1. Un país no puede decidir un día dejar de comprar mil millones de dólares, y menos un país como Chile que aquí tiene muchos intereses privados que le dan enormes ganancias. Alan, el desenchufado, debería hablar a quienes cuya primera preocupación con el sueldo mensual, es pagar sus deudas de las tarjetas Ripley y Saga.

2. Una crisis energética tan cantada mundialmente como la actual, con el precio del petróleo amenazando según algunos analistas llegar a US$200 en menos tiempo del pensado, cuando hace dos años la barrera de los US$ 100 era considerada insuperable por ciertos expertos, nos ha caído con la bendición de nuestras reservas gasíferas.

Camisea no es Tarija. Es un décimo de su volumen cúbico y su potencial energético para con el país aún espera con la esperada conversión de nuestra matriz de producción. Se sabe que muchos lobbies chilenos están presionando a nuestro gobierno para que nuestro gas, que no sobra ni a mediano plazo, sea vendido justamente a nuestro rival comercial en el Pacífico Sur.

El retraso de una verdadera presencia del gas natural en Lima y otras ciudades ya no me parece una coincidencia. Hace diez años, no soñábamos que en el 2008 tuviéramos carros voladores en la ciudad, pero sí al menos instalaciones de gas natural. Ahora comienzo a sospechar porque hay tanta falta de voluntad política en una verdadera conversión de nuestras fuentes de energía, más allá de algunos gestos anecdóticos. Mientras no sintamos la necesidad del gas a nivel de percepción ciudadana y no nos enfrentemos con el verdadero consumo que éste puede tener en el Perú, será más fácil vender nuestras reservas a postores más desarrollados, a cambio de unos reales por la gallina de los huevos de oro.

El pensar que Perú no es capaz de consumir toda su reserva de gas natural a mediano plazo es no pensar en grande. Si vamos a crecer al ritmo que se predice, nos va a faltar energía barata, que la tenemos y que no sobra en la magnitud que algunos lobbies quieren hacernos creer.

1 comentario:

VICTOR AGUERO dijo...

Este es, lamentablemente, el presidente que nos pide pensar en grande, pero que se comporta con un servilismo con rodilleras: "cuidado que Chile se puede enojar". Nunca pensé escuchar palabras tan serviles como estas de un Presidente de la República. Como se deben estar ríendo desde Chile su presidenta, sus congrsistas, ministro y el pueblo entero de las tonterías que habla Alan García.

No se trata de nacionalismos, ni estar en contra del libre mercado o del intercambio comercial. Es pensar el Perú como proyecto de largo plazo, que esperamos, que necesitamos para desarrollarnos de aquí a 40 - 50 años.

Pero nuestro presidente, que dice pensar en grande, sólo piensa en metas que no pasan del 2001 o a lo sumo llegan apenas al 2016. Eso señor García no es pensar en grande. Temer a Chile por no venderles el gas natural como usted propone es peor que inclinarse o ponerse de rodillas.