30.5.10

Flashforward Mockus

La mayor penetración de Internet en Latinoamérica no implica que se haya convertido en una plaza pública virtual que influya de manera significativa en la política. No es arriesgado decir que por cada participante interesado someramente una vez a la semana en política, pueden existir diez comentaristas en youtube dedicados a gritar que el doblaje latinoamericano es mejor que el peninsular. O cien jugadores de Farmville. O mil buscadores de porno en torrents.  La historia de Mockus en la primera vuelta presidencial de Colombia es un recordatorio de ello. 

En las elecciones de ayer alcanzó 21% frente al 46% del uribista Santos, lo que ha ido contra todas las expectativas despertadas en las redes sociales. Mockus parecía contar con una explosiva popularidad de 35% que creció con la fuerza de un viral y se alimentó de encuestas que probaron ser engañosas. Si bien llegó a la segunda vuelta, el resultado de la primera donde el uribista deja literalmente doblado al filósofo, resulta desalentador para quienes veían en la "ola verde" una curva ascendente e imparable, cargada de valores ciudadanos y deslizándose en una tabla hawaiana 2.0.   

En Latinoamérica parece manifestarse una tendencia de proporcionalidad inversa: "político súper popular en las RedesSociales™ = poco popular en el MundoReal™ y viceversa". Los dos ámbitos no son un reflejo simultáneo, solo que el primero es una fracción especial (y súper minoritaria en nuestra región) del segundo. Si nos dejamos guiar solo por la "opinión pública" de Facebook y Twitter, ni Chávez o Uribe serían presidentes de sus respectivos países, y Castañeda Lossio habría sido revocado ya del sillón de la alcaldía de Lima. Y Mockus tendría más del 20%, quizá con una victoria en primera vuelta. Pero por distintas razones no 2.0, Uribe es un presidente archipopular, Chávez mantiene un porcentaje alto para su undécimo año de mandato, y Castañeda Lossio aún cuenta con un infame 63% de aprobación.

En Latinoamérica es una ilusión creer que los problemas trending topic de las redes suelen ser los mismos que afectan a la mayoría de nuestra población desconectada. Al ver ayer el discurso de Mockus, donde hacía énfasis en la ecología y el agua mientras organizaba slogans-mantra, se podía atisbar porque pega tanto con el estilo neo-hippie de las redes sociales y tan poco en el resto. 

Aún así, existe la posibilidad de plantear iniciativas con cierto nivel de impacto  como "Chapa tu Paradero" del tuitero @bobsparz. En ese caso solo se necesitó mover a una pequeña fracción de interesados para lograr un resultado notorio y llamar la atención sobre el escandaloso sistema Metropolitano de buses. Los ciudadanos que no se reúnen hace tiempo a conversar en plazas desde el auge de la TV, intercambian ideas e información a través de las nuevas facilidades. El panorama es alentador para nuevas mecánicas de política, pero como leí una vez en Ásterix "no se puede vender la piel del jabalí sin antes cazarlo". 

Las ágoras vuelven, pero lentamente. Por encima de las ilusiones rotas y de expectativas desmedidas, que alguien como Mockus logre 20% es significativo pero todavía es una suerte de flashforward , un vistazo quizá distorsionado del futuro. El presente es distinto. Es uno donde Santos representa el deseo colombiano por continuar el espíritu de un exitoso y popular ochenio uribista, que a pesar de sus sombras, tiene más luces qué exhibir, entre ellas lograr un alto grado de seguridad interna manteniendo la institucionalidad democrática.

No hay todavía ninguna revolución en la manera de hacer política, pero sí un camino trazado. Es nuestro deber evitar confundir los planos de un arquitecto con un edificio construído. Que la diferencia solo sea el tiempo.

Para más detalles sobre el proceso electoral colombiano, es necesario seguir el blog de Carlos Meléndez, quien in situ ha acertado en retratar previamente el escenario del Domingo. Sí, @eljorobado was right.

26.2.10

La trica de Avelino Guillén

Si se lanzara la campaña "Adopta un periodista", no sabría por cual decidirme. Porque las demostraciones de juicios a priori y análisis de cinco segundos pocas veces quedan tan en evidencia como en el rápido coro de voces "indignadas" por la desaprobación del fiscal Avelino Guillén en la evaluación para el puesto de Fiscal Supremo.

Aún cuando para fortuna de Guillén, lo coyuntura lo cruzó con un escándalo en el Consejo Nacional de la Magistratura, el organismo encargado de su evaluación, los argumentos de "complots de la corrupción",(cuando por ejemplo el juez Hugo Príncipe, que condenó a Fujimori, pasó la prueba) o "errores en la forma de evaluación" quedan expuestos como vampiros a la luz solar cuando se presentan evidencias como ésta: su examen publicado por el CNM junto al del fiscal Gálvez Villegas, que encabeza en puntaje las evaluaciones.

No hago ningún spoiler si adelanto que Guillén, tras su segunda evaluación jalada, con justicia se va por la "trica" en su carrera al puesto de Fiscal Supremo, porque su conato de renuncia al Poder Judicial quedó como una payasada mediática más. No basta ser histriónico y comportarse como un "Comisario del Pueblo" en un megajuicio televisado, y así convencer más a los profanos que a los enterados, para ocultar las deficiencias profesionales.

Invito a Gustavo Gorriti, Rosa María Palacios o Augusto Álvarez Rodrich (entre otros, siguen firmas) a que los lean, los evalúen y pidan consejo a abogados amigos suyos para sacar sus propias conclusiones. Y después, no hace falta ser adivino para saber que en su mente surgirá una respuesta a la pregunta:

¿Está probado que Avelino Guillén rindió mal su examen para Fiscal Supremo por segunda vez?

Sí. Lo está.

16.1.10

La oscura edad del imperio pachangoso

Perú, 1995. Pocos imaginaban que "lo actual" en la radio de la segunda década del siglo 21 iban a ser covers de cumbia cantados por orquestas idénticas entre sí, con la misma vestimenta y el mismo pulgar hacia arriba coreografiado para la foto.

Bienvenido al año 2010, Marty McFly. El ritmo del futuro en el Perú no es ni siquiera un mash up de cosas del pasado, sino la recreación fiel de temas y ritmos de hace 30 o 40 años. Está bien que aún no tengamos autos voladores, colonias en Marte o sexys esclavas robot, pero esto es francamente un retroceso.

El imperio de la cumbia y el reguetón se impone en todos los ámbitos de manera machacona y exclusivista, discriminando lo distinto y cobrando víctimas. La desaparición gradual de las escasas estaciones radiales que se atreven a pasar otra música como Zeta Rock & Pop o Telestéreo deja sin alternativas a la audiencia, lista para un lavado cerebral donde, casi como un Kim Il Sung musical, un solo gusto impera. Si no existiera Internet, el resto de géneros (de música actual, porque la del recuerdo siempre tendrá una audiencia cautiva bajo los grilletes de la edad) circularían ahora casi como los libros de Farenheit 451.

La revista Rolling Stone de Argentina ya nos advirtió en un spot del peligroso ataque de las fuerzas del imperio pachangoso.



Advertidos estamos.

15.1.10

Un protectorado para Haití


Haití ya era una ruina antes del terremoto. Pero tras la destruccción de Port au Prince, la ciudad capital que daba la impresión de la existencia de algún ente estatal a duras penas , y una estremecedora cifra preeliminar de cien mil muertos en un país de nueve millones de habitantes (el 1% de la población, sin vida en 1 minuto) ha quedado sepultada cualquier posibilidad para la construcción autónoma de un Estado que cumpliera, aunque sea, estándares mínimos latinoamericanos.

La idea de un nation building en Haití, dejado en las manos de los propios habitantes con algo de ayuda internacional, ha pasado de ser una esperanza cínica a una imposibilidad manifiesta. Es hora de darle la oportunidad a los haitianos de escoger si quieren que una figura supranacional se haga cargo de su territorio por una temporada.

A diferencia del estilo vaquero norteamericano que fuerza la construcción de estados a la medida de sus intereses por medio de una campaña militar en Afganistán o Irak, Haití puede representar una excelente circunstancia para edificar desde la verdadera tabula rasa dejada por el terremoto, palacio presidencial incluído, un modelo de estado nuevo y protegido durante una temporada por un consenso de poderes externos. Y todo, obviamente, previo consentimiento electoral del pueblo de Haití.


El ente a cargo de Haití puede ser la misma OEA, abocada al fin en una verdadera misión que justifique plenamente su existencia. Sería necesario el consenso de gobiernos del continente americano, desde los EEUU hasta Venezuela (es una buena oportunidad para demostrar que no es un imposible político), para una verdadera acción directa y sin conflictos que desmuestre que es posible, sin guerras, con la aprobación plena de la población, y el trabajo conjunto de un organismo multinacional regional, salvar al hermano continental más desgraciado.

La figura legal para la administración política de los territorios ya ha sido usada antes por la ONU, justo después de la II Guerra Mundial, con el Consejo de Administración Fiduiciaria, y podría resucitarse a través de la OEA algo muy parecido y con carácter temporal. Tras un período bajo gobierno externo de 10, 15 o quizá 20 años, una nueva generación de haitianos, los que nacen en estos momentos entre las ruinas, podrían representar una verdadera posibilidad de un Haití política y económicamente autosostenido.

Sé que puede ser difícil, para el estado latinoamericano más antiguo, abandonar los conceptos de independencia y estado-nación, pero las circunstancias haitianas han llegado a tal extremo que el objetivo principal no es la autonomía sino la supervivencia de la población y una esperanza para que ésta no siga, sin necesidad de un terremoto, como el escenario de la mayor miseria del hemisferio occidental y un Estado sin esperanzas.

Con la existencia previa un buen consenso continental y la aprobación del pueblo haitiano, es hora de convertir a Haití temporalmente en un proyecto bajo el manejo directo de los mejores economistas, politólogos, sociólogos y educadores que se puedan convocar.

(la ilustración del encabezado pertenece al agudo Álvaro Portales)