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29.9.08

Camino a la crisis

El magnífico humorista gráfico Tim Kreider, en The Pain, When will it End? ilustra con un par de balazos ilustrados el camino de la crisis. Con el dibujo de hoy:
Y con uno del 2002.
Ahora más que nunca estamos en manos de Huitzilopochtli o el mercado. Da lo mismo.

Congreso norteamericano no aprueba el "bailout"


Malas noticias. El rescate financiero de 700 mil millones de dólares ha sido rechazado en el Congreso de los EEUU, contra lo que parecía razonable. Ciertamente era una medida inmoral e injusta, pero la inacción era una peor alternativa. Espero equivocarme, porque con esto se cierra la mandíbula de esta impactante crisis. Wall Street ha caído y sigue cayendo en picada mientras escribo.

Incluso tomándolo desde el punto de vista más optimista, el panorama se ha tornado impredecible, lo que es malo de por sí. Crucemos los dedos para una pronta recuperación, un impacto aminorado en el resto del mundo debido a alguna variable que no estemos considerando y, sobre todo, no olvidemos este momento en que cambian los paradigmas de la economía y de cómo se entienden las relaciones de justicia y mercado, que no deberían jamás volver a estar en compartimientos estancos.

Crisis de 1973 y crisis de 2008


Una crisis de impacto similar a la actual, aunque distinto origen, sucedió en 1973 con la crisis del petróleo. Los países árabes que dominaban la OPEP decidieron suspender las exportaciones de petróleo a los países que habían apoyado a Israel en la guerra de Yom Kippur. Pronto, la principal economía afectada por esa medida, la de los EEUU, se desaceleró dramáticamente y con ello arrastró a la mayor parte del mundo capitalista a una depresión económica que puso fin a una etapa de prosperidad y bienestar en Occidente posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Las condiciones actuales son distintas. Los EEUU ya no representan casi el 40% del comercio y la economía mundial como en aquella época, pero a la vez el sistema capitalista carece de un némesis contra el cual resistir y oponerse. Después de 1973, el sistema no fue cuestionado sino profundizado, porque la alternativa latente era el comunismo representado por el bloque soviético y chino. Como resultado, siete años después, en 1980, los EEUU y el Reino Unido encabezaron una exacerbación del modelo capitalista, pero sobre todo teniendo en cuenta un rival como la URSS que en la década de los 70s pareció dar pasos decisivos a un triunfo en la "batalla de los sistemas".

Pero el comunismo paradigmático soviético se derrumbó inesperada y estrepitosamente entre 1989 y 1991. En tres años, tras la fachada gris y ciclópea se descubrieron los armazones apolillados de un materialismo histórico fracasado. El capitalismo se quedó solo. Sin rivales.

17 años después de la muerte del enemigo por excelencia del sistema imperante, el capitalismo, sin némesis, sin alternativas demoníacas opuestas, sin luciferes ideológicos amenazando su supremacía, afronta una nueva crisis derivada no de factores externos como la OPEP sino de sus propias características. Se ha comenzado a oír por diversos lugares conceptos anatemizados, entre ellas la justicia de la relación entre ricos y pobres, un tema casi dejado en las últimas dos décadas a una inercia darwiniana y considerado populista y simple.

Las cabezas de la gente se alzan para observar a los CEOs en sus torres, antes modelos de éxito y héroes incuestionables, , mientras descubren que se tiene que pagar cantidades astronómicas del dinero de todos para costear sus fracasos particulares. El axis mundi de los últimos 30 años comienza a cambiar.

¿Quién iba a pensar hace unas semanas ver a Nicolás Sarkozy diciendo que la era del mercado desregulado "ces't fini"? (en el 1'38'' de este recomendable informe de Real News).



Y el mejor artículo que he leído en la prensa peruana sobre la crisis, viene de la pluma de Alfredo Barnechea. Aplausos para quienes hacen el esfuerzo de dar la visión panorámica en lugar del plano detalle. En una crisis lo primero que se necesita es perspectiva

25.9.08

El epílogo en video de George W.Bush



Y de esta manera termina el mandato del cuadragésimo tercer Presidente de los Estados Unidos, George Walker Bush. Recibió de las manos de Bill Clinton una nación en la cúspide de su poder histórico y la devuelve, ocho años después, diciendo adiós con esta frase:

"Our entire economy is in danger".

Nunca, en toda su historia, Estados Unidos hizo tanto en tan poco tiempo para ganar tantos puntos en contra: la guerra de Irak, la suspensión de libertades constitucionales, la construcción de un nuevo Muro de Berlín en la frontera con México, la enemistad buscada con Rusia, la arrogancia de poner a todas las naciones del mundo en un "con o contra nosotros" o el desprecio por tratados firmados en materia de desarme, justicia y medio ambiente.

Bajo George W. Bush han prosperado términos perniciosos y geopolíticamente tendenciosos como "eje del mal", "estado fallido", "núcleo integrado y periferia desconectada" o "vieja y nueva Europa". En su período la guerra ya no necesitó pretextos ideológicos como en Corea o Vietnam, solo sed de petróleo y de jugosos contratos como los del corrupto Dick Cheney y su empresa Halliburton. La estupidez megalómana neocon disfrazada de estrategia acabó por enterrar la imagen que los EEUU se habían forjado en la Primera y Segunda Guerra Mundial, convirtiéndolo de gendarme a principal peligro para la paz mundial. Mientras instituciones científicas como la NASA veían cada vez más reducido su presupuesto, aumentaba el destinado para desarrollar armas nucleares de "mediana potencia" cuyo uso pueda posicionarlas bajó el umbral del tabú atómico internacional y poder usarla como amenaza efectiva contra otros países.

Nieto del sucio magnate del petróleo y senador, Precott Bush, e hijo del Skull & Bones, director de la CIA y cuadragésimo primer presidente George H. W. Bush, Georgie Walker cierra el ochenio de su gobierno superando a su linaje y concluyendo la saga nefasta de los Bush que acompañó parte de la historia norteamericana en el siglo XX.

Dice mucho la mirada angustiada frente a las cámaras en un último mensaje donde confiesa que ha tenido que traicionar sus principios fundamentalistas acerca del mercado para proponer, casi rogar, al Congreso norteamericano el desembolso de 700 mil millones de dólares, suma de dinero sin parangón en la historia para un gasto de ejecución tan rápida. Frente a cámaras, le faltan palabras para explicar que el precio del rescate de una economía secuestrada y succionada por un manojo de lampreas le costará más de 3 mil dólares por cada hombre, mujer, niño, anciano, recién nacido y moribundo que habita la Unión norteamericana. Seis años atrás el mismo Bush animaba al estadounidense a gastar y comprar todo lo que pudiera en los malls, a endeudarse, casi a sobregirarse. Ahora le anuncia a la misma población, que la fiesta se acabó, que hay una cuenta enorme y que lo siente, pero él ya se va y que lo arregle otro.

Casi casi me pareció ver a Hurtado Miller en 1990 cuando anunció el fujishock. Solo faltó la frase "Que Dios nos ayude".

22.9.08

El dragón Mercado fuera de control


Esta semana reventó la burbuja financiera con la caída de Lehman Brothers, Merryl Lynch y la aseguradora AIG. Ha sido una crisis totalmente cantada y no se necesitaba ser un experto para predecirla, solo había que oler un poco el azufre que salía del volcán. En este mismo blog, escribí hace medio año, el 2 de Abril, un largo post dedicado al tema:

"(...) Una crisis económica mundial, similar a la de 1929, anda tocando las puertas de la historia.

¿Estallará de un chasquido como aquel Martes Negro? ¿o ya comenzó y solo falta que la curva de caída se pronuncie visiblemente? La verdadera información no corre abiertamente, los detalles de lo que parece asomarse inexorablemente, se limita a círculos reducidos. (...)"
Y pasó. La curva de caída ahora se pronuncia visiblemente. Para evitarla, la Reserva Federal de los EEUU le ha pasado el precio del fracaso de un puñado de especuladores a todos los contribuyentes norteamericanos: 85 mil millones de dólares para pagar el rescate de AIG, y otros 800 mil millones en caminos para pagar los costos de la bacanal de especulaciones. Ciertamente ha sido una medida necesaria para poner un tapón a la represa a punto de reventar, pero dicha medida ha destapado en carne viva la seria contradicción del modelo económico actual, sus debilidades, y su inmoralidad como receta totalizadora y respuesta única que los discípulos de Milton Friedman usaron para su hegemonía sistémica sin rival serio desde hace dos décadas.

La mano invisible del mercado ocupó el lugar que Dios y el materialismo histórico había dejado vacío en los corazones de la gente necesitada de un concepto absoluto para responder todas las preguntas de la vida. ¿Existen pobres? Déjaselos al mercado ¿Hay enorme desigualdad de ingresos? Déjaselo al mercado. ¿Cómo construír una sociedad mejor? Déjasela al mercado ¿Cómo hago para que mi perro no se orine en la alfombra? Déjaselo al mercado.

Pensar en sistemas más justos de distribución económica ahora estaba de más. El mercado lo hacía por ti.

Irrumpir en el místico orden del mercado estaba mal. Un mágico equilibrio natural arreglaría las cosas, sin necesidad de que esa sucia y siempre distorsionada voluntad humana malogre y altere la sacra relojería económica, que funciona sola y distribuye justicia en caminos misteriosos. El mercado se concibió entonces como una fuerza que nació con el Universo, surgido del Big Bang a la par de las leyes que dominan los átomos de hidrógeno y las galaxias.

Pero resulta que a ese poderoso ente, inmanente con el cosmos, ha tenido que salvarlo una institución humana de menos de 400 años de edad, el estado nacional westfaliano al que muchos analistas le pronostican muerte prematura, inutilidad, rol distorsionador de la economía, etc.

La lógica del rescate financiero ha corrido el velo de los diferentes derechos ciudadanos, dispares y enormemente separados en nuevas castas que es un producto natural del estado de cosas actual. El Estado no rescata bodegas, tiendas o pequeñas empresas, porque la lógica pura del mercado empuja a que éstas no importen, más allá de la igualdad de derechos que una democracia garantiza para todos sin distinción. El Estado no debe rescatar a la clase media o a los pobres porque eso es populismo, pero sí debe financiar y ayudar con miles de millones de dólares al 0.01% más rico, asquerosamente rico, de la población, porque eso deja de ser populismo para convertirse en algo más simple: pragmatismo. ¿Y porqué? Porque ese pequeño sector de la sociedad ha secuestrado la economía, y si no les pagamos el rescate todos moriremos con ellos. Simple. Se revelan los hilos con los que nos tienen atados a todos del cogote. La ilusión de libertad e igualdad dentro del sistema se corre como el maquillaje de un prostituta llorosa y revela las arrugas y verrugas de un rostro viejo e imperfecto, y desde ciertos ángulos, monstruoso.

Nada de "Voilá!". Siempre lo supimos, pero desde que cayó la URSS nos hacemos los locos y miramos a otro lado, porque nadie ha pensado en un sistema alterno que funcione. El corporativismo fascista murió en 1945, ahogado en toda la sangre que derramó en su cuarto de hora de fama. El centralismo económico comunista animó la carne del proletariado solo para transformarla en un muerto viviente en todos y cada uno de los experimentos frankensteinianos que realizó el siglo XX. El capitalismo triunfó en el siglo pasado, porque no fue producto de una revolución planeada sino de una evolución natural de la economía, pero la muerte de sus rivales ocasionó una extremización de sus postulados.

No es el fin del capitalismo, pero, quizá, sí el fin de un ciclo salvaje y talibán dentro de él. Vivimos una situación parecida a la de 1929, con el mercado desregulado y dejado a su libre albedrío, como un dragón suelto en una aldea, que mata gente, incendia casas, pero cuyo estiércol fertiliza los campos. En 1929, cuando el dragón quemó demasiadas casas y mató demasiada gente, a una aldea le importó una mierda el estiércol y mandaron a un tipo llamado Franklin Delano Roosevelt a que se encargara del asunto. Roosevelt ató al dragón, pero no lo mató, porque sin el estiércol no había cosecha. La aldea prosperó, pero tiempo después, se olvidó de la etapa de la destrucción y soltó al dragón otra vez. ¿Quién podrá atarlo de nuevo? ¿Con qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?

No dejo de recomendar este documental: El dinero es deuda
Niall Ferguson: ¿El fin del siglo norteamericano?

2.4.08

Secreto a voces ¿inminente crisis mundial?


Se habla poco, se comenta poco. La información de los pormenores del tema vale oro, literalmente. Los expertos en riesgo bancario y crediticio lo saben desde el año pasado. Las cabezas de los bancos y corporaciones también. Pero, a pesar de ser un tema preocupante y absolutamente relevante, la aparición en los medios de la inminente crisis económica mundial se da solo como notas marginales. ¿Conspiración? Más sencillo que eso: cuando se anuncia una crisis económica de manera oficial, se la precipita. Toda la gente relacionada con las finanzas andan con cautela al tocar el tema y públicamente pone paños fríos y peros al asunto.

Pero en privado, no solo uno sino todos con los que he llegado a hablar, te lo confiesan:

Una crisis económica mundial, similar a la de 1929, anda tocando las puertas de la historia.

¿Estallará de un chasquido como aquel Martes Negro? ¿o ya comenzó y solo falta que la curva de caída se pronuncie visiblemente? La verdadera información no corre abiertamente, los detalles de lo que parece asomarse inexorablemente, se limita a círculos reducidos. Incluso los más enterados y mejores previsores no pueden avizorar la forma en que tomará forma la ola que azotará las costas comunes de la economía global interdependiente.

El tema es complejo. Para mí, el año pasado, no pasaba de ser una fuerte crisis del dólar, un hipo de mediano plazo de Estados Unidos, por lo cual cambié todos los ahorros que tenía en dólares. Pero ha pasado a ser peor. Al caer el dólar bajo el límite sicológico de los 3 soles, y al corroborar que no era un fenómeno nacional por el fortalecimiento de la divisa local, sino internacional por el debilitamiento de la moneda estadounidense, tomé más atención a varios factores que he podido juntar, información dispersa pero que se une en una sola tendencia.

Este es un resumen personal de factores, reconozco que son más geopolíticos que económicos:

- Las advertencias de crisis inminente de Alan Greenspan.

- La consolidación del euro como moneda fuerte de intercambio (y una de las múltiples razones de la invasión a Irak y la oposición franco-alemana, cuando Saddam se propuso cotizar su petróleo en euros con la UE)

- La visible consecuencia del gasto trillonario de EEUU en la guerra de Irak, que ha debilitado enormemente la economía norteamericana.

- La curva disparadora del precio del petróleo, que por carambola ha pegado a los cereales.

- La consolidación de China como potencia económica, que junto con la UE, ha forzado el camino geopolítico unipolar norteamericano, a uno tripolar o multipolar, lo que trae como consecuencia la pérdida de valor del dólar, al representar éste, no riqueza física sino prestigio nacional (el dólar abandonó el patrón oro en 1971, antes de esa fecha se podía cambiar en EEUU una onza de oro por cada U$20.00).

- y finalmente, el elevado precio del oro, que goza de una curva de aceleración mayor que la del petróleo desde hace unos años. El oro es riqueza física, a diferencia de un billete de U$ 100.00, que es riqueza virtual. Cuando una burbuja especulativa, como parece ser la curva exponencial de crecimiento económico mundial, está a punto de reventar, es la riqueza física la única constante que queda. Las acciones y los billetes pueden valer menos que su contenido en celulosa, como lo aprendimos en el 85-90 en Perú. Ver que el oro es comprado con tal rapidez, aceleración y constancia, sumados a los factores anteriores, es como observar a las aves nerviosas y alzar vuelo antes de un terremoto.


Mi observación es la de un profano en asuntos económicos, pero ya estaba alarmado. Por ello me dediqué a preguntarle a cuanta persona cercana al mundo de las inversiones me topara, sobre el tema. Cuanto más metidos en el tema de riesgos, estaban más seguros del tema de la crisis, pero de la cual se habla públicamente solo en cuchicheos. Son esos cuchicheos que han llamado mi atención, la forma suave y casi impersonal en que se trata un tema tan grave. No sé si criticarlo, porque realmente no sé hasta que punto sea conveniente sonar la alarma.

Si vuelve a suceder un crash de 1929, impactará en un mundo más interdependiente económicamente del que existía hace 80 años. Es difícil adelantarse a las consecuencias de este posible nuevo fenómeno. En lo personal, me plantea los siguientes dilemas domésticos: no sé si ponerme a comprar euros, pues estos también se verían afectados por una crisis del dólar de gran magnitud. No sé si comprar oro, porque el mercado de su compra-venta me parece desconocido y poco práctico para mi reducida economía. Tengo soles, que hasta ahora han resistido bien, pero se me va la confianza en que el "Perú habansa" si los EEUU pasan de tener un catarro a caer en la neumonía que los médicos predicen.

Quizá estoy sobrerreaccionando a las señales de crisis, quizás será solo un ventarrón financiero, o puede ser que la curva de caída del dólar será poco brusca y habrá una suave transición. Eso espero, porque realmente lo último que quiero es que todo lo que he averiguado se traduzca en una realidad próxima y que estalle en nuestras narices dentro de unos meses.

Por último, les recomiendo encarecidamente a ver este documental esclarecedor y didáctico sobre la naturaleza del dinero, "El Dinero como deuda".