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12.9.07

¡Feliz Año 2000 Etíope!

Este 11 de Setiembre llegó el año Nuevo 2000 a Etiopía y sus computadoras no colapsaron por el famoso bug que parchó la economía de miles de ingenieros informáticos años atrás, tampoco aterrizó un ovni en Addis Abeba del cual habría de descender Jesucristo. No les cayó encima el asteroide Hercóbulus y menos encontraron un monolito negro de lovecraftianos orígenes. Lo único seguro en un Año Nuevo es fiesta pura, y en un nuevo milenio, su debido multiplicador con tres ceros.

El cristianismo copto, una de las ramas del cristianismo extraoccidental que sobrevivió la exitosa expansión del Islam en el s. VII d.c. Su calendario, alejado del juliano y más aún del gregoriano del cual lleva una diferencia de siete años, se ha conservado vivo en una de las naciones de cristianismo con mayor abolengo, Etiopía. Cuando Irlanda aún tenía rituales druídicos, en Alemania y Noruega aún hacían sacrificios a Odín y Polonia estaba sumida en viejos espiritismos eslavos, el cristianismo ya había echado raíces en la tierra de la Reina de Saba, un imperio antiguo cuya fundación legendaria se remonta casi un milenio antes de Cristo, y con una influencia ya registrada por los no muy escasos romanos que llegaban a comerciar con ellos en la época de Tiberio y posteriores.

Etiopía es una nación con una identidad única en el mundo. Antes de la guerra ruso-japonesa de 1904, le demostró a los occidentales que una nación de otra cultura podía derrotarlos en una guerra abierta, cuando vencieron humillantemente a Italia en la primera guerra ítalo abisinia de 1896. El Emperador Menelik II dirigió un ejército construído con las tropas fieles a todos los nobles de Etiopía y en la batalla de Adua acabaron con las fuerzas italianas y sus reclutas de Eritrea. Una nación africana derrotaba a una europea en una guerra convencional, manteniendo una independencia ininterrumpida desde mas de dos milenios, y que sufrió un breve hipo entre 1934 y 1941, cuando el cobarde de Mussolini al no poder con el ejército etíope, los arrasó usando el gas mostaza y otras armas químicas vedadas ya en la Primera Guerra Mundial.

Ubicados en el Cuerno de África, una de las regiones más pobres del planeta, son vecinos de Eritrea, que se independizó en lo 90s dejándolos sin salida al mar, y de un país que ya no existe, Somalia, tierra de nadie, donde los grandes señores de la guerra que ejercían cierto dominio han sido asesinados por una multitud de más numerosos y más insignificantes pequeños señores de la guerra. Etiopía tiene una familia lingüística propia y un alfabeto propio: el amhárico.

Después de Egipto, Etiopía es mi nación africana favorita. Les ha pasado de todo, pero aún así han conservado su civilización y sus peculiaridades. Incluso su cultura inspiró esa curiosa religión que es el rastafarismo, cuya única y más poderosa ventaja en su proselitismo es el alegre consumo de marihuana mientras te zarandeas al ritmo de Peter Tosh o Bob Marley & the Wailers. Si quieren adorar a Hailie Sellasie como un profeta de Jah, allá ustedes, pero recuerden que Etiopía es mucho más que eso. ¡Feliz nuevo milenio Etiopía!