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1.4.09

Buscando la Memoria para un Museo

En un sorprendente giro positivo de la situación, la controversia sobre el Museo de la Memoria parece acercarse a una solución que anima tanto a sus más entusiastas promotores, como a quienes como yo, temían que dicho proyecto fuera copado por el mismo sector político que controló y limitó la naturaleza de la CVR en la coyuntura del final del gobierno de Fujimori.

Si bien sigo guardando razonables dudas tanto por la prontitud de la elaboración de un balance al que podamos llamar "Memoria" o por la circunstancia poco estratégica donde el actor más nefasto del conflicto interno sobre el cual ésta se construye, Sendero Luminoso, sobrevive aún en el país, quiero guardar una esperanza en el nombramiento de Mario Vargas Llosa como cabeza de la comisión encargada del Museo. En lo personal no comulgo con muchas de sus ideas políticas, pero tiene el mérito de ser un intelectual sincero y de mucho más consenso para estas precisas circunstancias.

El equipo convocado también me parece óptimo pero que aún espera estar completo. La presencia de Salomón Lerner y Enrique Bernales me parece necesaria, pues para la conceptualización del museo es imprescindible hacer uso de las investigaciones de la CVR, esperemos que en su justa medida y no en el pedestal de libro definitivo con la que algunos intelectuales dogmáticos con tufo bíblico suelen citarla. Por otro lado el primo de MVLL, Frederick Cooper Llosa, es por encima de ello un buen arquitecto convocado para no perder la dimensión física del proyecto, mientras que el nombre de Fernando De Szyslo solo puede inspirarnos confianza en el criterio estético (y también ético) que puede imperar.

La presencia de Luis Bambarén me parece de más. Este cuestionable sacerdote es a la izquierda lo que el cardenal Cipriani es a la derecha, y con el primado de la Iglesia peruana comparten algunas virtudes en su historial, pero también terribles defectos tan similares, que casi se podría decir que son gemelos de los dos lados de un espejo. Si viviera Hubert Lansiers me parecería un componente perfecto, pero con su desaparición no se me ocurre a nadie de la Iglesia Católica idóneo para este trabajo, y tampoco me parece que sea necesario que ésta sea urgentemente representada.

¿Veremos algún representante de las Fuerzas Armadas y Policiales? ¿O alguien que hable por esos otros combatientes olvidados que fueron los ronderos? ¿Un representante de AP, uno del APRA y uno del fujimorismo para compensar la fuerte carga política izquierdista de Enrique Bernales? Esas son las dudas por las que aún no puedo poner al fuego mis manos por la nueva comisión a cargo de Vargas Llosa, en quien sin embargo confío que podrá lograr un resultado menos controversial que la comisión de investigación sobre la matanza de Uchuraccay en inicios de los 80's. Solo queda esperar.

¿Encontraremos la Memoria que buscamos para este museo? Bueno, no hay respuestas, pero sí indicios para comenzar. En lo que concierne a nuestra claustrofóbica pero interesante blogósfera, un intercambio de ideas clave fue el iniciado por Carlos Meléndez, el Jorobado de Notre Dame, con el valor añadido de remover la calma chicha que algunos asumían en cómodos consensos dentro de la burbuja blogosférica y generar un debate que se mantuvo calmado lo que dura el suspiro de un ruiseñor.

Si bien su discurso giró nuclearmente en torno a la apropiación de la Memoria por el grupillo de siempre de izquierda minoritaria (Mi Memoria no es la tuya, como el título lo indicaba), al señalar que el sentimiento nacional mayoritario divergía de los que ese sector asume como "verdades definitivas", se le cuestionó por incurrir en una falacia ad populum. Pero esgrimir esto es lo mismo que usar un ariete contra una pared de esponja, porque hay construcciones, tanto como las de un sistema democrático, o con más razón, de un monumento público o un museo histórico, que consagran un consenso mayoritario o casi total de una comunidad.

O sea, ad populum.

Los únicos museos que consagran una verdad nueva y ajena a una población se dan donde ésta se mantuvo oculta al existir un orden político consensualmente criminal y que es considerada como la facción más nefasta de un conflicto, como la Alemania nazi, la China y Corea ocupadas por Japón, la Camboya del Khmer Rouge. En el caso peruano, ni las atrocidades del Estado se pueden equiparar imparcialmente a las del proyecto desafiante, ni el actor estatal fue la opción más nefasta, así como tampoco ni en el gobierno de AP o el APRA, incluso en los momentos con mayor grado de control mediático del fujimorismo, se llegó al extremo de impedir que cualquier crimen estatal descubierto por la prensa saliera a la luz.

Teniendo esto en cuenta, creo que no caer en el monopolio de la Memoria y procurar pluralizar su elaboración es un primer reto de la comisión de MVLL.

Otro factor a tener en cuenta tiene que ver con la acogida del proyecto, relacionado justamente con lo ad populum, es decir, confeccionarlo con juicio sin subestimar la memoria de la mayoría, que considera, con justa razón, el fin del conflicto armado como la victoria de un bando comparativamente beneficioso, antes que el triunfo de un actor que daba igual que el otro. La historía del Perú, tan aficionada en revolcarse en la autocompasión de las derrotas y las tragedias, necesita con urgencia hitos positivos como la derrota de SL y el MRTA,

Si nos centramos solo en lo nefasto inherente a cualquier conflicto armado y no se le da igual peso conceptual a la importancia a la naturaleza de los actores (que no se compensa por mencionarlo de refilón y fuera de órbita) se empuja por omisión, tanto al Estado como a las fuerzas subversivas, al mismo nivel.

Y eso es lo último que necesitaríamos establecer como Memoria.