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18.10.07

Turquía a punto de invadir Irak II

Si no leen el anterior artículo, pueden perderse algunos detalles...


Por 507 votos contra 19, el Parlamento turco ha aprobado el día de ayer los planes de ofensiva contra el virtual Kurdistán iraquí, para poder perseguir a los elementos del PKK, el Partido de los Trabajadores Kurdos. George W. Bush ha hecho un llamado al gobierno de Turquía para que no actúe unilateralmente, algo que sin duda parece un chiste consular de mal gusto teniendo fresco aún el arrebato de spaghetti western de Bush hijo. Aquel que emulaba a un cowboy más parecido a Terence Hill que a John Wayne a la hora de desenfundar la pistola contra Irak, está ahora hablando de plazos y consensos para la paz y de lo malo de las acciones militares sin consultar al mundo. Los turcos, obviamente, se han limitado a sonreír cordial y compasivamente ante esta cínica recomendación.

A partir de esta decisión los escenarios dependen de la actitud de un gobierno islamista en un país con una vocación de occidentalización y acercamiento a estándares europeos, desde la época de Kemal Ataturk. Es un grosero resumen del dilema turco actual, pero útil a final de cuentas.

El gobierno de Turquía puede anteponer su aspiración a ser un país próximo a Occidente, con todas las ventajas que conlleva, y maniobrar para calmar la opinión pública. Es un caso probable, pero está sopesado por el carácter islamista del actual gobierno. Actualmente Turquía tiene una fuerte mercancía para negociar y obtener dividendos políticos, que podríamos denominar más claramente como chantaje geopolítico.

Turquía al parecer se limitaría a operaciones de baja envergadura, aguardando la decisión final de la Cámara de Representantes de los EEUU con respecto al genocidio armenio. Los congresistas republicanos intentan convencer a la demócrata líder del congreso, Nancy Pelosi, para dilatar la votación para enfriar los ánimos en Turquía y dar tiempo a la maquinaria de Relaciones Exteriores para armar una mejor y más jugosa respuesta para Turquía. Turquía juega la baza de la probable invasión para obtener mas beneficios económicos, comerciales y estratégicos de los EEUU, a la vez que lo compromete para abogar en su soñada inclusión a la Unión Europea.

Si los republicanos tienen éxito y el genocidio armenio no es reconocido en la Cámara de Representantes, la opinión pública turca cesaría en algo su presión sobre el gobierno y este podría ser más flexible en su posición sobre las acciones del PKK desde el norte iraquí, aunque perdería una baza fuerte para negociar ante los EEUU, que es su papel de doble perdedor y "aliado maltratado", tanto en el tema de los armenios como en el de los kurdos.

Si el genocidio armenio es reconocido en el Capitolio, que es lo más probable, Turquía haría efectiva su promesa de poner fin a su papel de puente norteamericano hacia Irak y lanzaría una ofensiva a gran escala sobre el norte de este país, pero en nombre de sus planes para integrarse a la UE y para no perder al tradicional aliado norteamericano (con una relación de más de 60 años) no ocuparía el norte iraquí y retiraría las tropas con la garantía previa de un control más estricto sobre los kurdos por parte del Ejército norteamericano y las limitadas fuerzas de Irak. Esto resultaría ser una solución provisional, dada la fuerte corriente en los EEUU para retirar a mediano plazo las tropas de este nuevo Vietnam, y lo endeble de las residuales fuerzas del Irak artificial. La caída de Saigón en 1975 se repetiría esta vez en Bagdad, lo que constituiría una nueva tragedia para el ya sufrido país del Fértil Creciente (quien sabe que le pasaría a Saad Eskander, el sufrido jefe bibliotecario de Bagdad, al que he llegado a considerar un personal héroe distante).


Debido al carácter reinvindicacionista del gobierno islamista que ahora lidera Turquía no hay que descartar un escenario más tétrico: un intento de ocupación permanente turco sobre el norte iraquí, al estilo de Israel con las alturas del Golán de Siria. Las razones son tres:

1. El gobierno turco da muestras a su opinión pública de combatir hasta el final las acciones del PKK hasta las últimas consecuencias, con lo que gana popularidad y además se reviven memorias muertas de la gloria pasada otomana como potencia regional.

2. El colapso de Irak como nación, que ahora lo ha decantado a ser un espacio geográfico fraccionado y cuyo único núcleo estable es justamente su región kurda, dándole una oportunidad de ser nación y a la par una razón extra a los turcos, quienes como cuestión nacional tienen el impedimento de que surja una nación kurda.

3. El debilitamiento de la presencia militar norteamericana en la zona, ocupados con la insurgencia iraquí además del "juego de la gallina" con Irán y su programa nuclear, hace improbable que quiera además abrir un frente militar con un reciente aliado como Turquía, que en cualquier balance es una acción a pérdida, a pesar de la inmensa militar superioridad norteamericana, que demuestra ser insuficiente para manejar un escenario como este.

Esta acción turca originaría un recrudecimiento de las acciones del PKK y además un aumento de la "pradera en llamas" que ahora es el Medio Oriente. Solo bastaría añadir los ingredientes de un Irán con su primera bomba nuclear y un Israel cayendo en manos de un gobierno parecido al de Ariel Sharon, y esto se convierte en un barril de pólvora bañado en napalm alrededor del cual baila una ronda de fumadores compulsivos.

Nota final:
Antes de concluír, mi buen amigo Xavi (autor del blog Huamanripa) me pregunta sobre mis afirmaciones acerca de la cercanía del PKK con Sendero Luminoso y creo poder responderle aunque mi debilidad es que no cuente con pruebas contundentes a la mano. En 1992-1994 (me falla la memoria) se descubrió que solo otras dos organizaciones subversivas reconocían a Abimael Guzmán como un ideólogo al nivel de Marx, Lenin y Mao: eran un movimiento maoísta en Nepal y el PKK. Ahora, el PKK es un conglomerado de izquierdas diversas y hasta donde yo sé no ha manifestado un maoísmo abierto, pero sí han adoptado muchas de sus tácticas y aspiraciones de organización social además de las recomendaciones de Guzmán para la lucha armada que les hicieron llegar a través de sus contactos en el exterior, junto con las ideas de Abimael de como debería ser la sociedad socialista del futuro, el ya consabido paradigma polpotiano que lo guiaba.

Ideológicamente es más confuso, y como dices, su núcleo cohesivo gira en no en torno al giro político sino a la reinvindicación nacionalista. En lo religioso es un movimiento secular no fundamentalista, pero en la praxis es tan sangriento como el Hamas. Tanto el PKK como el Hamas han hecho mucho daño a las causas que dicen defender. El Hamas porque parece justificar a Israel cuando se trata de presentar a todos los palestinos como unos religiosos dementes y sangrientos. El PKK porque le ha hecho mucho daño a la causa kurda, provocando que Turquía tema a la idea de una nación kurda que cercene su territorio como fruto de haber tenido "éxito" el PKK en sus acciones de bombas en lugares públicos y buses con niños. El mismo Kurdistán iraquí, que podría demostrar a Turquía la posibilidad de convivir con una posible nación kurda al sur, no ha hecho más que perder la oportunidad apoyando al PKK y arriesgando un proyecto que de otro modo resultaría factible. Simpatizo con la causa kurda y me gustaría verlos con una nación independiente, pero sé que su forma aproximación a esa meta ha sido totalmente errada y hasta ahora, nada fructífera.

16.10.07

Turquía a punto de invadir Irak (I) antecedentes

Hay una frase clave que todo buen divulgador científico usa cuando comienza a explicar la teoría del Caos: el aleteo de una mariposa en un extremo del mundo puede causar una tempestad en el otro extremo.

Como sabemos, en Irak no aleteó una mariposa sino la fuerza aérea del país más poderoso del mundo. Y chapoteó su armada. Y desfiló su ejército. Y el país más poderoso del mundo cayó en una trampa más peligrosa aún que la vivida en Vietnam. Después de su realmente estúpida y antiestratégica incursión en Irak, los EEUU se ven ante el dilema de una moneda con ambas caras perdedora: quedarse en el país conquistado y sufrir una indefinida sangría humana gratuita, con efectos cada vez más graves en su economía, o retirarse del lugar envalentonando a sus rivales y dejando creado un avispero para fundamentalistas religiosos en lo que anteriormente era una cruel dictadura, pero laica y no propicia como semillero de la Jihad antinorteamericana, que era lo que estratégicamente importaba al Pentágono.

La situación no resuelta en Irak está haciendo metástasis en ese polvorín llamado Medio Oriente. La invasión del 2003 ha degenerado 4 años después en un mundo más inseguro. Un nuevo actor está a punto de dejar a los corifeos y recitar más líneas propias en el escenario de esta tragedia contemporánea: Turquía.

La situación es como una madeja con varios cabos e involucra una serie de actores relevantes en este caso. Para explicar claramente el asunto y no bajar los brazos ante el aparente desorden de la situación es necesario crear dos líneas que convergen este año. Ambas líneas comienzan en la Primera Guerra Mundial.

LINEA A: Con Turquía, Armenia y el Congreso de los EEUU de protagonistas.
En 1915 el Imperio Otomano, fulgurante estado antecesor de la moderna Turquía, era parte las Potencias Centrales en la Primera Guerra Mundial, aliado al Imperio Alemán, el Austrohúngaro y a Bulgaria. Los otomanos intentaron una ofensiva contra el Imperio Ruso en el Cáucaso que falló estrepitosamente en 1914. La culpa recayó en los armenios, usados como chivos expiatorios por el gabinete otomano, acusados de colaborar con el enemigo ruso. Para asegurar el país de futuros sabotajes, la población armenia de la Anatolia turca (esa gran península que conforma la mayor parte de la actual Turquía) fue deportada al sur del Imperio o usados de fuerza laboral forzada. Esta marcha, según la mayoría de pruebas históricas, fue un genocidio planificado, pues en el camino de su deportación millares de armenios murieron de hambre o fueron llanamente ejecutados por oficiales turcos. La escala de esta tragedia abarcó a casi toda la población armenia en el Imperio Otomano, y se cifra la cantidad de víctimas en 1 millón, de un total de 2 millones de armenios censados en 1914.

El moderno estado de Turquía, fundado por Kemal Ataturk, negó la responsabilidad en este genocidio hasta el día de hoy. Antes que una certeza sobre el tema se generó un debate, y la afirmación de la tragedia armenia como genocidio no llegó a tener la contundencia internacional del Holocausto nazi, debido a que Turquía siempre jugó con su baza geopolítica y su importancia estratégica para ello, tanto en la Segunda Guerra Mundial como en su valioso papel de aliado norteamericano en la Guerra Fría, desde donde se apuntaban misiles nucleares a la Unión Soviética. El escenario comenzó a cambiar cuando los armenios en la antigua URSS, se independizaron en 1991, y el nuevo estado de Armenia ahora con una delegación presidencial y un asiento en la ONU, comenzó una campaña internacional para que se reconozcan los crímenes turcos.

Esta campaña armenia llegó este año al Congreso norteamericano. A comienzos de Octubre, el patriarca de la Iglesia Católica Armenia hizo una dramática presentación en el Capitolio, instando a los legisladores a reconocer las dimensiones de la tragedia y a aprobar una moción en la que los EEUU reconocían el genocidio como un acto deliberado del estado antecesor de Turquía.

La comisión de Relaciones Exteriores aprobó la moción y está en suspenso su aprobación final en la Cámara de Representantes. Turquía amenazó a los EEUU de impedir el libre flujo de tropas y suministros a Irak a través de su territorio, y en vista de ello el mismo presidente G.W. Bush ha pedido al Congreso que, si bien "lamenta" los hechos de aquella época, no se debe aprobar la moción para "no generar mas odios en la región". La mayoría demócrata del Congreso hace presagiar que dicha invocación no prosperará.

Pero Turquía tiene un doble papel ahora, no solo como puente de los EEUU hacia Irak. Aquí entra la línea B.

LINEA B: Con Irak, el fallido Kurdistán, Turquía y el poder Ejecutivo de los EEUU como protagonistas.

La Primera Guerra Mundial acabó en 1918 con la desintegración de los tres Imperios Centrales. El Káiser de Alemania abdicó dando paso a la efímera República de Weimar, el Imperio Austrohúngaro simplemente estalló en pedacitos y el Imperio Otomano fue repartido en protectorados británicos y franceses. Estos protectorados fueron realizados trazando fronteras arbitrarias y poco estudiadas que atravesaban la miríada de pueblos del imperio multiétnico de los sultanes. Los territorios de Irak, Siria, Jordania y Palestina fueron delimitados de esta manera, más con un criterio político antes que nacional. Los resultados de ello se ven hasta ahora en los conflictos entre sunitas y chiítas. El gran ignorado del salón donde pluma y tinta sobre una carta geográfica trazaba el mapa del caos posterior, fue el pueblo kurdo. Identificable y con características propias distintas de los árabes, la oportunidad de reunirlos bajo un estado propio, con más unidad idiosincrática que el artificial Irak, se deshechó prontamente.

Los kurdos sufren la tragedia de ser un pueblo incrustrado entre 4 estados: Irán, Irak, Siria y Turquía, que de ser una minoría donde residen, han sufrido el acoso en diferentes momentos de cada estado donde habitan. El caso mas resaltante es el del Irak de Saddam Hussein, que masacró repetidas veces la población kurda, haciendo uso de armas químicas.

En la moderna Turquía, un radical movimiento terroristas, el Partido de Trabajadores del Kurdistán (PKK) de una ideología cercana a la de Sendero Luminoso, lleva actuando contra el Estado turco por décadas. El PKK estaba practicamente derrotado en el 2000 con la captura de sus cabecillas, pero un hecho externo lo reavivó: el Kurdistán iraquí había adquirido fuerza como un poder regional semiindependiente tras la Guerra del Golfo en 1991, y con mayor impulso tras la desintegración en la praxis de Irak en el 2003, y convirtiéndose en la única zona estable más allá del territorio donde se masacran el ejército del endeble estado neo-iraquí, el ejército norteamericano, los mercenarios extranjeros, las milicias laicas y religiosas, sunitas y chiítas.

Turquía advirtió a su aliado norteamericano desde la caída de Saddam que no consentiría el establecimiento de un Kurdistán independiente escindido de Irak, porque ello conllevaría de antecedente a una escisión de su propia tajada kurdistaní, pero la lógica geopolítica decanta por gravedad ante la formación de dicho estado al desaparecer Irak como un todo cohesionado. Los EEUU hicieron caso de las condiciones de Turquía, que por otra parte permitió el uso de su territorio para la invasión a Irak y para la logística norteamericana, lo que provocó un masivo descontento popular, la caída en desgracia de los partidos laicos, y la llegada al poder de un movimiento islamista (AKP, Partido de Desarrollo y Justicia) que le hace guiños al fundamentalismo.

La gota que derramó el vaso fue la emboscada a 13 soldados turcos en la frontera con Irak, en la praxis el Kurdistán iraquí, desde donde se abastece a los insurgentes kurdos en Turquía, y que sirve de seguro refugio al estar bajo la protección norteamericana.


Aquí confluyen las dos líneas.


El gobierno turco islamista del premier Erdogan hace de tripas corazón para mantener la alianza con los EEUU contra sus principios fundadores, basados más en el cálculo de la conveniencia pragmática de estar bien con el país gigante de Occidente y por su tradición antirrusa.

Pero al mismo tiempo aparecieron tanto el caso del genocidio armenio, como las consecuencias de un fáctico estado kurdistaní en la frontera sur. No solo la opinión pública turca, sino el mismo gobierno, reforzó su sentimiento de ser usados como una herramienta deshechable por los EEUU. La percepción turca es que el aliado norteamericano paga el apoyo turco, apoyando traicioneramente los intereses de los enemigos de Turquía. Los turcos no quieren verse como autores de un genocidio que los pone al nivel de la Alemania nazi, de la Camboya polpotiana y de los jefes de la guerra de hutus y tutsis. Junto con ello, ven ahora real el peligro antes conjurado de una escisión territorial kurda, y el aumento de la actividad terrorista del PKK.

El viernes 12 de Octubre, el embajador de Turquía en Washington regresó a su país "llamado a consultas". Los norteamericanos ya hablan públicamente de un "plan B" para abastecer a sus tropas. El vicepresidente del endeble gobierno de Irak ha volado a Ankara a tratar de ganar tiempo para ver si evita ver como Turquía invade suelo nominalmente iraquí (aunque fuera de su control real), mientras el ejército turco ya ha comenzado un bombardeo limitado de artllería sobre el suelo iraquí.

En unos días la Cámara de Representantes debe decidir sobre si el genocidio armenio fue responsabilidad de los turcos y entre tanto el Parlamento turco está pendiente de dicho gesto para aprobar el envío de tropas terrestres a ocupar el norte de Irak y enfrentar a los kurdos como lo exige casi todo el país, a riesgo de un colapso del gobierno del AKP.

Mañana seguiré en el tema con algunas conclusiones y posibles escenarios.