En la discoteca "La Sede" han discriminado a una persona por sus razgos raciales. Resulta que esta persona es periodista y ha podido usar la voz en alto para denunciar abiertamente el hecho. El atropello contra Marco Avilés es solo una muestra millonésima de lo que pasa en nuestro país, del día a día del subsistente e hipócrita desprecio racial de nuestros compatriotas, con palabras idealistas en público y con un discurso que avala el racismo en privado. Lo peor es que creen que el racismo no solo es normal, sino que es pétreo e inmodificable, que está grabado en piedra y que luchar contra él no solo es vano sino "huachafo" porque "hermanito, todos somos racistas pes, no seas posero".
Una discoteca que discrimina es una discoteca que no merece ser visitada PORQUE SU VISIÓN DE UN LUGAR EN ONDA ES LA EXCLUSION RACIAL. Y anticipándome sin muchos dotes de adivino ¡por favor! que no vengan los acomplejados a decir que eso pasa en todas las discotecas del mundo. Que pasa en New York, que pasa en Londres, que pasa en Tokyo y en París. Que existan antros racistas en otros países no significa que tengamos que esperar a que todos desaparezcan para luchar contra los que tenemos aquí. Lo peor del tercermundismo no es la pobreza sino el colonialismo mental de iniciativas.
Aquí lo acontecido por pluma del propio Marco Avilés:
"El local se llama La Sede, queda en el lindo distrito de Miraflores, donde lindamente vivo, y allí acude la people más linda de esta linda ciudad; y ya que soy un lindo periodista de una de las revistas más lindas de este lindo país, el sábado último, 28 de julio, aniversario patrio, yo iba en pos de una linda cerveza para celebrar el inminente fin de la linda Feria del Libro de Lima, ensimismado en la lindura de una chica a la que esperaba encontrar allí, en La Sede, y quien me había prometido una linda noche de conquista; así que estacioné el auto enfrente, me acomodé el saco, revisé mi solvencia económica, compré los cigarrillos de rigor, caminé los once pasos hacia la portería, solo y lindo, y, entonces, al tocar con mis manos la puerta tras de la cual fluía la música linda, el lindo bodoque que custodiaba el digno local me soltó el mismo cuento del cual, como periodista hogareño que soy, he tenido noticias lejanas y del que me he enterado a través de los diarios y a veces por los testimonios de feos amigos noctámbulos que osan frecuentar los lindos locales de moda: - Perdón, la fiesta es privada ..."
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