1.8.14

Palestina e Israel: diez argumentos falaces

En este nuevo y trágico episodio del conflicto en Israel y Palestina, encuentro repetidas veces ciertos argumentos falaces o endebles que es necesario enumerar. Encontrarán una clara mayoría de razonamientos (o eslogans) cuestionados de origen pro-israelí antes que pro-palestino. Eso, porque para comenzar hay que desmentir que:

1. Ambas partes dan igual.
En los dos bandos en conflicto existe un lado ocupante y otro ocupado. El lado ocupante, el israelí, posee una absoluta ventaja militar gracias a la cual goza de una virtual invulnerabilidad a las acciones del bando ocupado, los cohetes lanzados por Hamas en Gaza, y las protestas con piedras de los palestinos en lo que queda de Cisjordania.

Hamas es una agrupación retrógrada y terrorista, pero no representa una amenaza vital a la existencia de Israel. Llegó al poder en Gaza mediante elecciones por el desprestigio de Al Fatah, el partido laico al que Israel no concedió ningún logro significativo a pesar que hace tiempo optaron por la vía pacífica. Al Fatah se desgastó tras la muerte (o asesinato) de su líder Yasser Arafat  y al que se añadieron escándalos de cosecha propia. Así, tras elecciones desfavorables y un conflicto directo con Hamas, quedó excluido del gobierno de Gaza, aunque lo mantiene en Cisjordania.

Israel sí representa una amenaza real a la existencia de Gaza, que está cercada, aislada y es bombardeada cada 2 o 3 años, con un saldo de 1000 a 1500 víctimas por incursión. También representa una amenaza a la existencia de Cisjordania como territorio palestino. Desde allí no se lanza un solo cohete. Tampoco gobierna Hamas. Sin embargo la población palestina cisjordana es víctima del derribo constante de sus casas, la muerte ocasional de sus compatriotas, la destrucción de sus plantaciones y el cerco de sus núcleos poblados en un proceso abierto de conversión a bantustanes o “reducciones”.

Vemos que no es un conflicto donde ambas partes “den igual”

2. Israel solo se está defendiendo.
Aquí se choca con algo básico: el derecho a la defensa es altamente cuestionable cuando quien la esgrime está no solo ocupando sino bloqueando materialmente a una población (no según los árabes sino la ONU). Si eso no bastara, la “agresión” de la cual se defienden es visiblemente inefectiva y la respuesta a ella es brutal y masiva.

En el caso de este último conflicto la situación se agrava, pues la chispa del reciente conflicto fue la muerte de tres jóvenes israelíes de las que se culpó a Hamas. Esta agrupación es conocida por reivindicar cada uno de este tipo de actos, y negó ser responsable. Finalmente se descubrió que no había sido Hamas sino una acción aislada, pero los perros de la guerra ya habían sido desencadenados.

Efectivamente nada es tan simple porque al omitir todo lo anterior, todavía queda la dimensión de Israel como un estado que debe dar respuesta a cohetes primitivos e interceptables. Es una encrucijada difícil, de esas en las que un estado se mete cuando mantiene una población de un millón y medio de vecinos bajo asedio como una gran cárcel al aire libre, después de décadas de maltratos y humillaciones. Pero la respuesta no es un ataque indiscriminado a su población civil.



3. Israel entregó Gaza y entrega “tierras a cambio de paz”.
Se esgrime ciertas veces que Israel “ha entregado tierras a cambio de paz”. Pero la realidad salta a la vista: las “tierras entregadas” han sido invadidas pocos años atrás por la fuerza. Finalmente funciona más como un secuestro a cambio de ciertas ventajas. Funcionó con Egipto, cuya península del Sinaí fue ocupada por Israel hasta asegurarse que jamás volviera a defender activamente al bando palestino y reconociera al estado de Israel. Después de 4 guerras perdidas por los egipcios en esa causa, había poco por lo cual sorprenderse.

Dentro de Gaza,  territorio palestino con un millón y medio de palestinos y ocupada desde 1967, vivían 8 mil colonos israelíes cuya defensa era muy costosa. En el año 2005 el gobierno de Ariel Sharon realizó una “retirada” unilateral que sin embargo mantuvo a Gaza sin control de sus fronteras y con muchos servicios y abastecimientos sometidos a la voluntad del gobierno israelí, lo que sigue dándole un estatus de territorio ocupado según la propia ONU.

Esta retirada opacó además la propuesta de la Liga Árabe de un acuerdo de paz, donde a cambio de dejar existir un Estado Palestino varios estados árabes reconocían el estatus de estado de Israel. Finalmente la “retirada” implicó la posposición de un estado palestino, y el nacimiento de una Gaza cercada y maniatada.




4. Uso de escudos humanos
Las acciones de Hamas desde la densamente poblada Gaza ciertamente ponen en riesgo a la población civil. A pesar que no existe evidencia concreta del uso de escudos humanos, me parece totalmente probable que una agrupación extremista como Hamas los haya usado. En cambio, sí está probado el empleo de Israel  de escudos humanos, usando menores de edad palestinos. Y estamos hablando aquí no de un bando desesperado, acorralado y en desventaja, sino de quienes poseen un escudo interceptor de misiles y están en situación de una virtual invulnerabilidad.

Pero en el caso de asumir que Hamas usa escudos humanos ¿cuál es la finalidad del uso de escudos humanos si al rival igual no le importa el costo y bombardea de igual forma? Siendo crudos, la carne humana es menos efectiva para proteger un blanco que un sistema anti-misiles.  Si se usó esa estrategia alguna vez, hace muchos años que no parece servir de mucho.

El estado israelí además posee la tecnología suficiente para realizar ataques precisos, pero bombardear con esa tecnología niños corriendo por una playa, o refugiados en una escuela bajo el amparo de la ONU convierte esa precisión en una obscenidad.

No debería hacer falta mencionar que la respuesta a una acción terrorista que se camufla entre civiles inocentes no es el asesinato colectivo y sistemático de esos civiles.

5. Cuestionar a Israel es anti-semita / pro-terrorista
Cuestionar y reprobar las acciones de un estado que ocupa territorio ilegalmente, cerca y acosa a su población, y la somete a represalias brutales cada 2 o 3 años no es producto de racismo o discriminación hacia ninguna etnia o religión. La carta del anti-semitismo es una de las mayores falacias esgrimidas al respecto.

Oponerse a la respuesta israelí ni siquiera es anti-sionismo. La mayoría de la población mundial y de los estados no se cuestiona de manera alguna la existencia de Israel como patria hebrea en terrenos donde cuenta con una cuota de tradición histórica. Lo que sí se cuestiona es que en el camino se realice el desalojo, demolición de propiedades, confiscación de tierras y asesinato de miembros de otro pueblo asentado tradicionalmente allí, que es el árabe-palestino.  

Finalmente, oponerse frontalmente a las tácticas del estado israelí de castigo a la población civil con miles de muertes en su enfrentamiento contra la facción terrorista Hamas no es apoyar a Hamas. Al contrario, movimientos como Hamas se benefician de tales acciones brutales, contraponiendo a su retrógrado integrismo islámico el asesinato, por parte de su rival, de miles de víctimas inocentes, una gran parte de ellos niños. Hamas se refuerza con estos acontecimientos, lo que a su vez reforzará una posición más dura desde el lado israelí y acentuará a extremos insospechados la violencia del conflicto. Por eso, la respuesta con bombas hacia la población civil desde el lado que tiene el control y dominio militar de la situación es el peor de todos los caminos posibles, que conduce a un final oscuro e incierto.


6. Palestina nunca existió, así que no hay nada que reclamar.
El estado Palestino efectivamente nunca existió, como tampoco Jordania, Siria o Iraq previamente a la partición colonial del Imperio Otomano tras su derrota ante franceses e ingleses en la Primera Guerra Mundial. Pero sí existió población árabe, y resulta que son las mismas personas con los mismos derechos. Los árabes de Palestina pertenecen a una comunidad mayor que es la nación árabe, pero su partición en múltiples estados los llevó  a enarbolar la bandera de Palestina, como estado representante de los árabes en ese territorio donde viven desde hace 1500 años. Como dato, si consideramos una ocupación previa de una tradición judía, esta data del 1200 a.C. hasta el 66 d.C. un tiempo mucho menor (menos de 1300 años)  y más antiguo. Tampoco es necesario que una población haya formado previamente un Estado para reconocer sus derechos a habitar y gobernar por sí mismos una tierra que les pertenece por siglos.

Estos datos además son secundarios ante el peso actual de una población israelí y palestina actual en estos territorios, ambas intentando forjar un destino mejor para los suyos. Pero esto no puede desembocar en la deslegitimación de existir de uno de los estados, tanto por parte del no reconocimiento (que se mantiene por parte de la Liga Árabe como su herramienta sobreviviente de negociación, ante su irrelevancia militar) como del sabotaje constante por parte de Israel a la existencia de un estado Palestino.



7. Israel no debe existir
Si bien es cierto que Israel nace como un proyecto dentro de la lógica colonial del siglo XIX, donde se podían ocupar territorios ajenos en nombre de las fronteras trazadas a miles de kilómetros de distancia en una mesa europea, la coyuntura a solucionar actualmente no debe retraerse al siglo XIX sino al XXI.

Existe una población emigrada a la zona de origen judío con múltiples orígenes (ruso, norteamericano, alemán, francés, etíope, etc.) que llegó intentando encontrar un refugio de incesantes persecuciones, y finalmente de un intento de exterminio masivo como fue el del Tercer Reich. La idea inicial de la construcción de Israel es un proyecto lleno de logros que causan maravilla, como la instalación de prósperos kibutz y la edificación de un estado donde al fin una población históricamente acosada pueda vivir, teóricamente, en paz.

El problema fue la lógica inicial colonial que trasladó el proyecto de una patria judía a una de las encrucijadas históricas de conflicto mundial, un territorio con demasiada historia y sangre sobrepuesta en capas. Pero esto no es un argumento sólido para negar la existencia de un estado israelí en la zona. La resolución 181 de la ONU en 1947 otorga un estado no solo a la población árabe existente sino a la judía migrante y es algo que debería ser irreversible.



8. Israel debe volver a las fronteras de 1947 / 1967
A estas alturas de la historia, el retroceso de las fronteras de Israel a sus linderos establecidos en 1947 o incluso 1967 es algo irreal y pedirlo ocasiona un entrampamiento en cualquier negociación.  La zona fue testigo en muy corto tiempo de numerosos conflictos donde Israel salió abiertamente triunfante, y eso es una realidad imposible de ignorar.

Cualquier solución para la formación de un estado Palestino no puede desconocer la configuración geopolítica y demográfica actual. Esto no significa que se deban avalar la colonización ilegal de tierras palestinas en Cisjordania o la ya nada solapada política de convertir a Gaza en una zona inhabitable, pero sí reconocer un contexto donde existe una potencia dominante y con clara superioridad que puede quedarse con la mayor parte de la torta. Si se ignora esta realidad se le dará chance a que se quede con toda.

 9 .Israel comete genocidio
La palabra “genocidio” ha sido muy manoseada por diversos intereses a lo largo de muchos enfrentamientos alrededor del orbe desde la Segunda Guerra Mundial. La política de Israel es hostil y sin concesiones significativas hacia los palestinos, también porque una vez  se comienza una ocupación agresiva, las opciones de las que disponen se reducen considerablemente. Sin embargo calificar de genocidio el conflicto actual es poco preciso y desprovee de seriedad a cualquier crítica al accionar israelí.

Los genocidios según la resolución 61 de la ONU se caracterizan por “la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”, sin embargo dentro de Israel existe una significativa población árabe que no está sujeta a una limpieza étnica, (aunque sí a un acoso y pérdida de derechos, donde se pueden ver varios símiles con el apartheid) por lo que el problema no es tan “blanco y negro” sino mucho más complejo en este sentido.

Ciertamente es de interés de Israel que las zonas donde aún no ejercen un control absoluto (Gaza y los bolsones en Cisjordania) queden debilitadas o aisladas, y quizá despobladas, pero más que por un intento de genocidio contra la población árabe, por una extremista visión de seguridad nacional. Pero esta seguridad nunca será completa mientras no permita a  la otra población milenaria contar con un estado propio. El territorio correspondiente a ese estado está ocupado por la fuerza en desafío al derecho internacional.

10. En vez de hablar de Gaza deberíamos hablar de Siria, Ucrania, Sudán …

Es visible que hay conflictos actuales con un número mayor de víctimas, como la guerra civil en Siria, con profundas implicancias geopolíticas como la de Ucrania, con rasgos más extremos como el del califato islámico en parte Irak, o pasadas bajo el radar como Sudán del Sur. ¿Por qué llama la atención el conflicto en Palestina?

Por la antigüedad del mismo problema. Son casi siete décadas de una herida sangrante y cuya solución parece alejarse cada vez más.

Porque la correlación de fuerzas existente podría llevar a un manejo unilateral mucho más prudente. Israel mantiene un control absoluto en el plano militar. Su existencia no está amenazada y sus vecinos árabes no pueden siquiera soñar con una intervención: Egipto está sumido en problemas internos, Jordania no tiene peso, Líbano está destrozado (por conflictos internos y desde 2006 por Israel), Siria se despedaza a sí misma en una guerra con muchas facciones y 170 mil muertos e Irak es una fractura sangrante desde la invasión norteamericana de 2003. Israel además posee un apoyo por parte de EEUU que no posee ningún otro país, con opciones a ponerlo en aprietos o contrariarlo abiertamente, y esto sin mayores consecuencias en la abundante ayuda económica que reciben sus 8 millones de prósperos habitantes.

Finalmente porque Israel debería representar como Estado los altos valores que tantos científicos y filósofos de origen judío han afirmado en su cultura a lo largo de su rica historia. Es cierto que es una coyuntura difícil, que están entrampados después de patear el avispero e intentar acampar donde no deben de manera tozuda, pero en vez de producir un Maimónides o un Salomón que llegue a una solución justa a los dilemas, tenemos demasiados herederos de Ariel Sharon.

La única esperanza visible es que el propio Israel recapacite de lo que está cometiendo en nombre de una seguridad que será imposible de conseguir por esta senda.

11.7.14

Repliegue norteamericano ¿espejismo o tendencia real?


En el cuarto de siglo transcurrido desde la Caída del Muro de Berlín, los Estados Unidos han pasado de ser la superpotencia solitaria con vocación de policía mundial a un hegemón que lo piensa dos veces antes de serlo. En los últimos años, la idea de un repliegue de la política exterior de los EEUU dejó de ser un ejercicio especulativo y pasó a ser considerado por varios flancos como algo visible. ¿Es factible hablar de este repliegue como un fenómeno en curso? Para evaluarlo es necesario considerar tres pilares del poder internacional norteamericano: poder blando o soft power, poder económico y poder militar.

El soft power, en el caso de un hegemón, permite ser obedecido más por “amor al príncipe” que por temor, en términos de Maquiavelo. Esto ayudó visiblemente a desmoronar la Cortina de Hierro y permitir que los países del Pacto de Varsovia desertaran a la OTAN, la alianza contra la cual se definían. En su apogeo logró la mayor coalición de países aliados e incluso rivales en los primeros meses posteriores al ataque terrorista del 11-S en 2001. Sin embargo la invasión a Irak en 2003 usando pobres excusas, dilapidó mucho de este capital diplomático e institucional.

El poder económico norteamericano ha visto disminuir la ventaja que contaba frente a otros países, no solo el competidor más visible que es China, sino ante diversos aspirantes a decisores regionales como India, Brasil o la reactivada Rusia. Las sanciones son cada vez más costosas de usar ante el empoderamiento en este nivel de los demás países. La crisis económica de 2008 que golpeó a Occidente no hizo más que reducir el margen y el consenso para aplicarlas sin afectar la economía doméstica.

El poder militar norteamericano ocupa desde la caída de la URSS un lugar dominante en comparación con el resto de países. Se tiene que considerar además del presupuesto en este rubro, mayor que el gasto militar de los siguientes 15 países, la avanzada tecnología y los enclaves geográficos estratégicos. Pero mantener una ocupación terrestre sigue siendo una operación con un costo humano que hace titubear en el frente interno. Escenarios montañosos como el de Afganistán o geografías donde se pateó el avispero de conflictos históricos como el Irak de sunníes, chiíes y kurdos pasaron a una fase de entrampamiento. La fuerza militar sin objetivos claramente cumplidos pasa así a solo ser un factor debilitante del poder económico, tanto por operaciones prolongadas como por la proyección global de éstas. Además, el uso constante o poco articulado de este recurso también tiene un considerable costo en soft power.

Visto el estado de estos tres pilares, podemos evaluar en un resumido sobrevuelo todas las áreas donde el poder norteamericano ha disminuido respecto a su situación inmediata posterior al fin de la Guerra Fría:

- Latinoamérica: la influencia norteamericana sigue siendo considerable, pero los distintos proyectos de hegemonía regional de Brasil y Venezuela, junto con el creciente protagonismo de China han hecho retroceder varios espacios al “dueño del patio trasero”.

- Europa: aunque sigue conformada por algunos de los aliados más firmes, la invasión de Irak dañó definitivamente la percepción en la opinión pública en países como Francia y Alemania. La expansión de la OTAN en Europa del Este incluyó hasta las ex repúblicas soviéticas del Báltico, pero encontró la resistencia rusa efectiva en Georgia y, años después, Ucrania.

- Medio Oriente: La población árabe se sintió confrontada directamente con los EEUU a causa de su retaliación contra la supuesta presencia de Al Qaeda en Irak, junto a una poco solapada anuencia a los halcones en Israel. A la vez su apoyo a la fallida primavera árabe supuso el cambio de autocracias en países árabes como Egipto, Libia o Siria, por una dictadura más sangrienta, una nueva Somalia y una cruenta guerra civil respectivamente.

- Africa subsahariana: el abandono de la región fue notorio manifestado en el desinterés en el genocidio en Ruanda o la cruenta guerra congolesa. El fin de la misión militar en Somalia fue seguida por la desintegración del país e incluso el resurgimiento de la piratería naval. El vacío de poder en esta área ha sido llenado parcialmente por China, presente en la financiación de grandes proyectos, en una política de influencia pragmática sin importar el cariz democrático o autoritario de los gobiernos clientes.

- Asia Central y del Sudeste: La presencia norteamericana en Afganistán marcó el apogeo de su influencia en el corazón continental de Asia, acercando por momentos a diversas repúblicas exsoviéticas a la órbita norteamericana. La retirada de las tropas de los EEUU implicará también un repliegue de una expansión máxima, insostenible y poco fructífera. Su relación forzada con Pakistán solo puso más barreras a una fluida relación con la potencia emergente de la zona, India.

- Asia Pacífico: A medida que la economía de China crece, lo hace también su esfera de influencia. Australia comenzó a inclinar su política exterior como miembro de Asia Pacífico antes que de Occidente. Países como Japón o Filipinas se arman al desconfiar de contar con ayuda norteamericana en caso de un conflicto de mediana intensidad con China por islas y zonas marítimas disputadas.

Como consecuencias recientes, la pérdida de soft power ha permitido recientemente una acción rusa exitosa para evitar la intervención norteamericana en su aliada Siria, y la disminución de margen de maniobra económica ha evitado fuertes sanciones a la misma Rusia por la ocupación  de Crimea y el separatismo del este de Ucrania. Incluso en el plano militar, la amenaza del yihadismo sunní al Irak de posguerra ya no puede ser sofocada unilateralmente sin contemplar la colaboración con el régimen chií de Irán. Las amenazas de conflicto sino-japonés en las islas Senkaku suceden como si la VII Flota no fuera a intervenir. 


La emergencia de China y otros poderes regionales hacen más costosa y riesgosa una imposición unilateral que los soslaye. La crisis económica mundial y su recuperación han dado un énfasis a las políticas domésticas. Y las fallidas operaciones en Irak y Afganistán, que significaron dilapidar poder económico y político, han dejado un mal sabor de boca para todo lo que signifique una intervención militar no-vital para la opinión pública norteamericana. Si el multilateralismo ha llegado prematuramente y el repliegue de la política exterior de los EEUU continúa, es casi imposible que se restrinja nuevamente a una política aislacionista pre-Segunda Guerra. Los EEUU seguirán siendo por mucho tiempo una fuerza determinante a nivel global, aunque los tiempos en que pueda intervenir saltándose a las potencias regionales quizá hayan tocado a su fin.

12.3.14

La antorcha de Cosmos


Gracias a Carl Sagan, cada vez que tengo un problema me imagino su magnitud comparada con las dimensiones del Universo que me enseñó en la serie Cosmos. El problema suele hacerse una nada, una pequeña desviación neuronal en un rincón de un hormiguero perdido por alguna mota de polvo estelar, flotando alrededor de una estrella marginal en las orillas de una de trillones de galaxias.

Gracias a una serie de TV no solo aprendí de escalas y vértigos estelares o visitas mentales a mundos planos, sino que me dio las semillas y el abono para aproximarme a la ciencia y la noción de método. Como a millones de mi generación. Aún recuerdo desde niño las palabras de Sagan acerca de nuestro progreso y futuro que dependían del equilibrio de la imaginación y del escepticismo.

Gracias a Cosmos pude tener a la mano respuestas a muchas preguntas y formularme otras tantas. A conocer que la realidad del Orden es mucho más fantástica y alucinante a la luz de la razón, llena de misterios que, aunque ahora insondables, dejan la posibilidad de responderlos algún día. Y me ayudó a entender con la edad que la explicación de las cosas no caminan al lado de omniscientes amigos invisibles, leyes kármicas o dioses del rayo.

Cada vez que el tacaño cielo nocturno de Lima permite ver las estrellas, en muchos de nosotros suena en una parte de nuestro cerebro la música de Vangelis y el camino está lleno de un rastro de migas brillantes dejadas por Carl Sagan.

La época del primer Cosmos fue una de casi absoluto aislamiento informativo comparada con la actualidad. Los ochentas del siglo pasado además todavía estaban marcados por dos superpotencias que se apuntaban mutuamente a la cabeza con armas nucleares, y la posibilidad de un apocalipsis atómico tenía un grado de certeza con el que éramos criados incluso los niños de la periferia del conflicto. A la vez aún quedaba el sueño de visitar el espacio, de escaparnos del abrazo gravitacional de la Tierra y enviar colonos a poblar otros planetas, o visitar las estrellas más próximas gracias a algún sorprendente avance en la ciencia de la propulsión espacial.

La época del segundo Cosmos, la actual, vive en un banquete de información que haría delirar al Borges de la Biblioteca de Babel. Sin embargo, también es la era donde ese mismo exceso aún provoca una lluvia de estática en nuestros cerebros. Sintonizar la información correcta y seguirla con la disciplina adecuada se ha vuelto un desafío para los hijos de la era de Internet. Ya no existe la amenaza de un apocalipsis nuclear, pero sí la de un horizonte de banalidad y superchería. Las viejas religiones y creencias están reaccionando con agresivos zarpazos al verse empujadas poco a poco al pasado por el método científico, e intentan hacer prevalecer el pensamiento mágico de hace siglos. El sueño de avanzar en la conquista del espacio ha pasado a ser un lujo de una extinta era de oro, y para algunos pensadores del corto plazo, casi una excentricidad.

Dijo Buzz Aldrin, de los pocos de nuestra especie que visitaron otro mundo y aún viven: "Me prometieron colonias en Marte y a cambio me dieron Facebook".



Esta es la era en que Neil deGrasse Tyson hace el relevo de la antorcha. En el reinicio del legado de Sagan, son otros los desafíos con los que se enfrenta este científico y divulgador: un público anestesiado de efectos especiales al que se necesita llegar con estrategias distintas, una reacción de oscurantismo anti-científico en muchas regiones del mundo, un mal entendido materialismo que desvía a muchas de nuestras mentes privilegiadas a fijarse como meta un Alfa Romeo y no Alfa Centauri. Somos una humanidad a la que hicieron soñar hace décadas llegar a las estrellas, pero que ahora se encuentra atada con más firmeza que nunca a sus asientos, frente a alguna clase de monitor.

Por lo visto en el primer capítulo de la nueva serie, sabe cuáles son sus retos y cuáles son las estrategias a aplicar. Personalmente en vez de la convencional y muy hollywoodense música de Silvestri esperaba un uso más atrevido como fue el soundtrack de Cosmos hace 34 años: una banda sonora algo más cercana al peso de los parsecs y los quásares, y el vértigo de la abismal pequeñez subatómica. También extrañé ciertas pausas y  justa solemnidad presentes en la primera versión, pero cabe recordar que han pasado 34 años de videoclips trepidantes y películas de acción extrema, y existe una audiencia acostumbrada al corte de plano a plano cada cuarto de segundo. Así que para los estándares actuales, es un remanso de calma.

Comenzar correctamente por la descomunal dimensión de lo que está encima (y debajo) de nuestros ojos, de la magnitud infinita del universo y los teorizados multiversos, rescatar la Nave de la Imaginación que permite librarnos de ataduras físicas, volver al calendario cósmico, seguidamente reducir la escala y acompañar en el martirio al primer hombre conocido en atisbar las maravillas de lo infinito, para finalmente terminar en un emocionante testimonio personal del actual presentador rememorando la calidad humana y el paradigma de su predecesor, todo eso ha sido un gran acierto. La resurrección de Cosmos de por sí es el primer acierto de todos. Y la presentación de la serie es una obra exquisita de poética postproducción que por momentos deja nudos en la garganta.

Quedan más episodios que, quizá sin la música que quiero y sin las botas de Sagan totalmente calzadas debido al sesgo del recuerdo infantil, prometen ser al menos tan alucinantes como el primero. Ojalá que para la generación actual Neil deGrasse Tyson represente esa estrella guía desde lo macro hasta lo micro y viceversa, como hace tres décadas y media Sagan fue para la nuestra.













6.3.13

Chávez: Patria, Socialismo, Muerte y Más Allá



Chávez 
En el siempre sediento altar del poder hemos sido testigos de un nuevo sacrificio: Hugo Chávez ofrendó su vida y salud después de ser diagnosticado de cáncer, solo para intentar saborear otro pedacito más de presidencia. 14 años no fueron suficientes para un líder político que lo había preparado todo para quedarse hasta 2030, tal como eran sus públicas intenciones. La campaña presidencial de 2012 fue un último esfuerzo titánico que lo consumió y aceleró notoriamente su deterioro, a un punto tal que apenas ganada la contienda electoral, prácticamente cayó rendido y a partir de allí todo fue cuesta abajo. 

Chávez administró muy bien su gran carisma mediático, proverbial elocuencia, decidido liderazgo y energía agresiva, combinándolo con la perseverancia y la sonrisa de la fortuna. Las guerras de su archinémesis George W. Bush "Mr. Danger" en el Medio Oriente paradójicamente alimentaron su poder, no solo debido a la colosal subida de precios petroleros resultantes, sino por dotarlo de un enemigo desprestigiado en torno al cual construyó su discurso internacional. Su mayor rival interno, la plutocracia de la Venezuela Saudita, puso en bandeja su cabeza organizando un tullido golpe de Estado en 2002. El fracaso de esta infame movida arrojó luz sobre todos los elementos que podían estorbarle en el futuro, además de deslegitimar de manera masiva cualquier oposición a Chávez, estuviera o no involucrada en el golpe. Emerger de las cenizas tras la intentona, rescatado por una fervorosa movilización popular, quizá agudizó la megalomanía del presidente venezolano, sintiéndose a partir de ese momento con más derecho a imponer su voluntad mediante un modelo de autocracia competitiva y de amenazar con una bota en el cogote a quien lo contradijera.

Patria

Simón Bolívar fue sacado de su tumba simbólicamente, y más tarde de manera literal, para bendecir cada iniciativa que Chávez ejecutaba en su nombre. Así, el sueño de la Patria Grande se definió por la afinidad que cada país de Latinoamérica podía procurarle a Chávez. Para asegurar ello, dispuso sin restricciones del petróleo se su país con el fin de lograr influencia en Latinoamérica de manera muy similar a la Libia de Gadafi en África. En consecuencia, el poder de Venezuela irradió ideológica y económicamente en los vecinos de la región, logrando a lo largo de la primera década del siglo XXI un verdadero bloque de países semi-coaligados, hasta el punto de ser contendiente de Brasil en su largamente planeada hegemonía sudamericana. A la par, hizo sentir que si no estaban con él estaban contra él, algo especialmente manifiesto  en su relación con la Colombia de Uribe, a la que amenazó con una guerra durante el incidente del país cafetalero con el Ecuador en 2008. Contando con los EEUU como eje de enemistad, Chávez forjó insólitas alianzas con cualquier rival del gigante norteamericano, el que fuera, invitando a las flotas de Rusia, China y hasta Irán a ganar presencia en el Mar Caribe. Aunque al bajar el telón de los malabarismos, no dejó nunca de seguir vendiéndole petróleo a Estados Unidos, una situación mutuamente beneficiosa para ambas partes.

Socialismo

Quien aseguraba en 1999 no ser de izquierda ni de derecha, no edulcoró más su admiración por el socialismo y el modelo cubano. Ya no bastó con alimentar la lucha de clases según el manual, contraponiendo la mitad económicamente afortunada de su país con la otra empobrecida mitad, y prometiendo a los segundos la felicidad a costa de la desgracia y humillación de los primeros. Propulsado por miles de millones de petrodólares se propuso retroceder el tiempo, volando contra la rotación histórica de nuestro planeta para volver a una realidad previa a la Caída del Muro en 1989. Así, declaró reabierta la guerra contra el capitalismo y trajo a nuestro siglo un galimatías conocido como Socialismo del siglo XXI, intento de alternativa al capitalismo salvaje y promesa irresistible a muchos intelectuales náufragos del colapso comunista. La fantástica riqueza petrolera que lo acompañó permitió notables avances en cobertura de salud y educación, ganando simultáneamente el apoyo de sectores necesitados mediante una relación clientelar. Pero el modelo, como sucedió inexorablemente con todo el socialismo marxista ejecutado en el siglo anterior, no tardó en demostrar ser insostenible incluso sin necesidad que los precios del oro negro se desplomen.

Muerte

Hugo Chávez se aferró al poder hasta que se lo llevó el implacable vendaval del cáncer, dejando un gran arañazo que marca ahora el rostro Venezuela. El lado rescatable de su legado es principalmente, aunque de la forma más cortoplacista e ineficiente posible, la oportunidad de considerables sectores de la Venezuela Bolivariana saborear algo de la bonanza petrolera que la Venezuela Saudita le negaba. Pero el casi todo el resto de su herencia es sombría. Mientras ciertos avances logrados solo dependen de precios altos en el petroleo, la inflación es una ola que aún guarda sus peores embestidas, el desabastecimiento es una realidad cotidiana, las bases de una economía sostenible a futuro son casi inexistentes, el índice de homicidios trepa por encima de estándares iraquíes, los servicios públicos fallan, sectores del gobierno chantajean hasta pequeños empresarios con la amenaza de expropiaciones, el gobierno está en manos de una clase paranoica que cree legítimo tratar como parias a los sectores de la población no chavistas, y finalmente, como producto de 14 años de discursos polarizantes y violentos, las dos mitades del país se detestan mutuamente con enorme intensidad, causando una verdadera grieta nacional.

Más Allá

Muchas interrogantes hacen fila tras la muerte de Chávez. Las más inmediatas giran en torno a la sucesión. Él deja antes que un partido, una liga de movimientos unidos por la argamasa de un culto mesiánico a la personalidad, cuya cohesión o capacidad para recibir la transferencia de su popularidad será puesta a prueba. Más vastas aún son las repercusiones continentales, planteándose casi como el cliffhanger de una serie: ¿podrá Cuba mantenerse a flote en caso que Maduro no sea presidente? ¿quién llenará el sitio vacante del líder antiimperialista, Correa, Evo Morales, Daniel Ortega? ¿ha desaparecido el último obstáculo para que el peso de Brasil finalmente se haga sentir en la región como fuerza hegemónica cohesionadora? ¿continuará la contracción de la influencia norteamericana en la región independientemente del factor Chávez? 

No cabe duda que con la partida del caudillo llanero se cierra un capítulo en la historia americana.

Finalmente este acontecimiento debería poner en la mira dos preocupaciones más genéricas pero no por ello menos urgentes: 

La primera es sobre la necesidad de un nuevo modelo socioeconómico alternativo al capitalismo que deje de tener una fuerte inspiración marxista. Otra receta de socialismo nos ha confirmado los efectos secundarios que hemos ya visto en el siglo XX:  inspira autocracias cuando no totalitarismos, cultos a la personalidad del líder, restricción de libertades y erosión a mediano o largo plazo de la economía. El capitalismo actual sin duda nos conduce a un futuro materialmente insostenible y un presente injusto. La democracia liberal, tal como está estructurada ahora, se ve debilitada por el poder creciente e imparable de la plutocracia. Pero el socialismo del siglo XXI no ha probado ser un remedio, sino un paso atrás del actual modelo y solo adelante de proponer el fascismo o el regreso a la monarquía. En una era que camina a la singularidad tecnológica es una vergüenza que contemos con tan pocas alternativas de cambio. A este paso, el inevitable descontento que se cierne sobre el actual sistema solo será canalizado a cauces peores.

La segunda nace de una frase de Chávez que lo resume: "Yo no soy un hombre, soy un pueblo". Como si no existiesen lecciones de la historia de sobra, un individuo que intentó encarnar de manera vitalicia y mesiánica el destino de un país obtuvo no solo el respaldo de un gran sector de la población, sino la adherencia de importantes élites intelectuales. Realmente tengo miedo al futuro cuando un sector considerable las clases supuestamente más cultivadas inventa explicaciones alambicadas para justificar regímenes autoritarios. Si ellos caen ahora, solo es cuestión de tiempo para que en el futuro un líder con menos torpezas, más encantador pero con similares ambiciones de poder absoluto conquiste el corazón de muchos más. El campo es fértil para más autócratas y dictadores en el futuro, y para sacerdotes intelectuales que los legitimen absolviéndolos de sus pecados.