
Dudo si sea muy temprano para afirmar que Inglourious Basterds es, en lo que va del año, la película más deliciosa, poderosa, atrevida y, por lo tanto, la mejor. ¿No has ido a verla aún? Deja de leer esto, deja la computadora, deja tu silla. Compra tu boleto para ir al cine. No download, cine. Porque hay un lugar en el Hades reservado para quienes vean esta obra solo en DVD o por un Torrent.
Este post es sobre las impresiones de un momento que me dejó particularmente hipnotizado en una cinta que atrapa en su totalidad: la secuencia final en el cine.
Con Inglourious Basterds queda claro que Tarantino ha hecho una película sobre películas de la Segunda Guerra Mundial. El cine es central en el plan de venganza que es el alma de esta obra. Es solo en el cine, al que se le han sellado las puertas al mundo exterior, donde Goebbels, Bormann, Himmler, Goering y Hitler arden junto con todo el resto de la cúpula nazi, causando el fin de la guerra en 1944. La muerte los embosca en un recinto cerrado conscientemente desde fuera, como las duchas de Auschwitz, para finalmente ser reducidos a cenizas. Ojo por ojo.
Las imágenes plasman el círculo del infierno donde estos pecadores son castigados: el círculo del celuloide. Shosanna dice que es la venganza judía. Los nazis arderán por siempre en la ficción del séptimo arte y su maldad, real por encima de cualquier adaptación, los alejará de cualquier capacidad de ser redimidos. Vivirán ardiendo en la infamia, en cada película sobre la época. El combustible es el celuloide de nitrato. En el humo del incendio se eleva la enorme proyección de Shosanna, esta Ana Frank sobreviviente y confrontada con la posibilidad de devolver el golpe, que contempla a los jerarcas de la muerte y, con el rostro gigante de un Dios vengador, ríe a carcajadas.
Todos los involucrados en la venganza contra los nazis en dos planes distintos, el de los Bastardos sin Gloria y el del matrimonio cinemero, han partido con un itinerario suicida. El esposo de Shosanna se encuentra atrás del écran esperando una señal de su mujer para realizar su sacrificio. Ella y el cinéfilo alemán responsable de trescientas bajas aliadas se aniquilan mutuamente. Los dos "Bastardos" que se cuelan en el estreno, llegan al palco de honor y matan a Goebbels y Hitler. El cadáver del dictador alemán es despedazado después de su muerte por frenéticas ráfagas de metralla, desfigurándolo en la escena más gore nunca hecha con un personaje histórico. Los Bastardos portan cargas explosivas en sus cuerpos y completan el incendio de Shosanna con un acto kamikaze. La guerra se detiene un año antes de su verdadero final por una acción suicida que cambia la historia.
La escena final en el cine quedará impresa con fuego en el imaginario de nuestra generación. Y hay algo en ella que intuyo como la particular contribución de Tarantino para saldar las cuentas en el mundo de la ficcion, para compensar un episodio atroz y traumático en vez de regodearse en él. El ajusticiamento gráfico de los nazis en esta obra es a manos de los personajes que, en otros filmes, se limitarían a avanzar asustados a las cámaras de gas o enfrentarse a situaciones donde no tienen forma de contraatacar y solo pueden huir. Tarantino quizá sepa que su violencia visual aplaca animosidades en vez de causarlas.
Inglourious Basterds es la película diferente sobre la Segunda Guerra Mundial, esa gran guerra fundacional del mundo en que actualmente vivimosy sobre la que, quizá, nunca se acaben las historias para contar.
Nota aparte: Buenísima y graciosa actuación de Brad Pitt como Aldo el Apache, pero es Cristoph Waltz como el coronel Hans Landa, quien destaca en una cohorte de muchos personajes memorables. Doble mérito.
Errata: Cambié Inglorious Bastards por el verdadero título Inglourious Basterds, gracias a una observación de @breno.
Este post es sobre las impresiones de un momento que me dejó particularmente hipnotizado en una cinta que atrapa en su totalidad: la secuencia final en el cine.
Con Inglourious Basterds queda claro que Tarantino ha hecho una película sobre películas de la Segunda Guerra Mundial. El cine es central en el plan de venganza que es el alma de esta obra. Es solo en el cine, al que se le han sellado las puertas al mundo exterior, donde Goebbels, Bormann, Himmler, Goering y Hitler arden junto con todo el resto de la cúpula nazi, causando el fin de la guerra en 1944. La muerte los embosca en un recinto cerrado conscientemente desde fuera, como las duchas de Auschwitz, para finalmente ser reducidos a cenizas. Ojo por ojo.
Las imágenes plasman el círculo del infierno donde estos pecadores son castigados: el círculo del celuloide. Shosanna dice que es la venganza judía. Los nazis arderán por siempre en la ficción del séptimo arte y su maldad, real por encima de cualquier adaptación, los alejará de cualquier capacidad de ser redimidos. Vivirán ardiendo en la infamia, en cada película sobre la época. El combustible es el celuloide de nitrato. En el humo del incendio se eleva la enorme proyección de Shosanna, esta Ana Frank sobreviviente y confrontada con la posibilidad de devolver el golpe, que contempla a los jerarcas de la muerte y, con el rostro gigante de un Dios vengador, ríe a carcajadas.
Todos los involucrados en la venganza contra los nazis en dos planes distintos, el de los Bastardos sin Gloria y el del matrimonio cinemero, han partido con un itinerario suicida. El esposo de Shosanna se encuentra atrás del écran esperando una señal de su mujer para realizar su sacrificio. Ella y el cinéfilo alemán responsable de trescientas bajas aliadas se aniquilan mutuamente. Los dos "Bastardos" que se cuelan en el estreno, llegan al palco de honor y matan a Goebbels y Hitler. El cadáver del dictador alemán es despedazado después de su muerte por frenéticas ráfagas de metralla, desfigurándolo en la escena más gore nunca hecha con un personaje histórico. Los Bastardos portan cargas explosivas en sus cuerpos y completan el incendio de Shosanna con un acto kamikaze. La guerra se detiene un año antes de su verdadero final por una acción suicida que cambia la historia.
La escena final en el cine quedará impresa con fuego en el imaginario de nuestra generación. Y hay algo en ella que intuyo como la particular contribución de Tarantino para saldar las cuentas en el mundo de la ficcion, para compensar un episodio atroz y traumático en vez de regodearse en él. El ajusticiamento gráfico de los nazis en esta obra es a manos de los personajes que, en otros filmes, se limitarían a avanzar asustados a las cámaras de gas o enfrentarse a situaciones donde no tienen forma de contraatacar y solo pueden huir. Tarantino quizá sepa que su violencia visual aplaca animosidades en vez de causarlas.
Inglourious Basterds es la película diferente sobre la Segunda Guerra Mundial, esa gran guerra fundacional del mundo en que actualmente vivimosy sobre la que, quizá, nunca se acaben las historias para contar.
Nota aparte: Buenísima y graciosa actuación de Brad Pitt como Aldo el Apache, pero es Cristoph Waltz como el coronel Hans Landa, quien destaca en una cohorte de muchos personajes memorables. Doble mérito.
Errata: Cambié Inglorious Bastards por el verdadero título Inglourious Basterds, gracias a una observación de @breno.



















